13 de septiembre de 2026 - 00:25

La sensibilidad al poder

Es como si cada tanto el gobernador tuviera que dejar en claro que su alianza electoral con Milei no es subordinación, al menos retórica, con pequeños actos de autonomía que pretende se lean correctamente en Buenos Aires.

Periodista y profesor universitario

“Es un problema de privados, pero no somos insensibles”. La definición corresponde a Alfredo Cornejo y sirvió para ponerle marco local al transitado debate que escaló en la opinión pública sobre la situación de morosidad y endeudamiento que ya afecta a 6 millones de familias en todo el país y que en Mendoza involucra a más 850 mil empresas y personas: 270 mil de ellas con incumplimiento.

Así, el gobernador marcó una diferencia sustantiva con la postura de la Casa Rosada que no supo advertir a tiempo el relato que sectores opositores (con argumentos más o menos valederos) lograron instalar como una discusión que tiene su trasfondo en el cuestionamiento al plan económico de Javier Milei: en particular, el ajuste generalizado, el estancamiento de los salarios con la consecuente pérdida de poder adquisitivo y la caída de consumo que amenazan con poner en jaque la intención reeleccionista del Presidente.

Se trata de una pulseada política que incluso llegó esta semana al Congreso de la Nación, donde la oposición y bloques que habitualmente han acompañado al oficialismo, entendieron que estaban frente a un asunto en extremo sensible que requería intentar buscar alguna solución a un conflicto que claramente excede los términos de un acuerdo entre privados (ya sean bancos, financieras o billeteras virtuales con sus tomadores de crédito). No sólo es un efecto derivado de la falta de educación financiera de la sociedad como el mileísmo intentó subestimar, sino que estamos en presencia de un eventual conflicto social, y por ende, una amenaza política.

Sensatez y sentimientos

En la necesidad de no quedar atado al desentendimiento libertario, Cornejo produjo con sus declaraciones, pero también con acciones claramente direccionadas en pos de una salida, un atendible acto de diferenciación que en la lógica de su acuerdo nacional con La Libertad Avanza (LLA) es un dato que no debiera pasar inadvertido. Es como si cada tanto el gobernador tuviera que dejar en claro que su alianza electoral no es subordinación, al menos retórica, con pequeños actos de autonomía que pretende se lean correctamente en Buenos Aires.

No se está cuestionando el rumbo de la política económica, al contrario, se concede que efectivamente se trata de un “problema entre privados”; ni mucho menos que para resolverlo haya que echarle mano a soluciones que comprometan los recursos tanto de deudores como de quienes cumplen con sus obligaciones. Tampoco permitir, como abundó el ministro de Hacienda Víctor “Peque” Fayad, que se intente “demonizar” al crédito. Es simplemente ponerse en el lugar de quien se encuentra asfixiado por las deudas, y que en su inmovilidad cancela su aporte productivo a la economía. Y es allí donde entra una dimensión poco explorada por los adoradores del Excel: la sensibilidad. Que es como decir que hablemos de empatía.

¿O acaso si la gente es imprudente y no tiene educación vial el Estado debería dejar de generar prevención de accidentes o controles para disminuir los heridos, las muertes y los daños materiales que se generan en calles y rutas del país? Por el contrario, es necesario que el sector público redoble los esfuerzos para mitigar o mejorar las actuales condiciones y sus trágicos indicadores.

La propuesta

Bajo ese estrecho margen entre no comprometer recursos públicos con las recetas populistas, ni avalar un “pague Dios”; mucho menos culpar al crédito de las inconsistencias de sus tomadores (pero sí con una velada crítica hacia las condiciones de otorgamiento, tasas, plazos y la escasa voluntad de regularización de bancos y financieras que parecen preferir tener morosos crónicos e incobrables que regularizadores de su situación), la Provincia lanzó una serie de medidas que obligan a un cambio en la situación que ya tiene media sanción express en la Legislatura. La idea es ayudar a refinanciar deudas para así reducir la morosidad (o de quienes deseen acceder a mejores condiciones, aunque estén al día) mediante incentivos como la exención del impuesto a los Sellos y una reducción de la alícuota de Ingresos Brutos (del 7 al 5%) mientras dure la etapa de la regularización. Será para deudas cuya adecuación se haga con una tasa nominal anual menor al 40% y por un plazo de al menos dos años para particulares y empresas.

El anuncio, y tampoco es un dato menor, se hizo junto al presidente del Banco Nación, Darío Wasserman, y pretende que esta y otras entidades bancarias no dejen en el camino a sus clientes; por el contrario, que busquen recuperarlos con incentivos del Estado provincial. De hecho, tras el anuncio, el Nación bajó 6 puntos su tasa de interés para refinanciar, del 35 al 29%. Incluso con un plazo de hasta 72 meses.

Cambio de modelo

En su diagnóstico sobre cómo se llegó a esta situación, el gobernador arriesgó que muchos de los hoy endeudados actuaron bajo la lógica inflacionaria del pasado reciente, donde el paso del tiempo licuaba las obligaciones y reducía el monto real de la cuota a sumas por demás accesibles. Produjo así Cornejo una reivindicación más del cambio del modelo económico nacional y dejó un elogio extra a la baja de la inflación que esta semana volvió a dar otro guiño positivo para Milei.

Sin embargo, está claro que la estrechez del bolsillo es la principal razón del incremento del endeudamiento, ya que según un estudio de la Consultora Zentrix, en Mendoza el 62% contrajo estas obligaciones para cubrir “gastos básicos”. Es por ello que el gesto de demarcación del mendocino resulta una maniobra de oportuna lectura del clima social, pero también de instinto político en un contexto complejo que exige este esfuerzo fiscal.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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