A poco de la fecha del nacimiento del Perito Moreno (31/05/1852) lo recuerdo con esta escena que protagonizó y narra en su “Viaje a la Patagonia Austral” que supongo sorprenderá: 2 de enero de 1877. En el valle de Shehuen, próximo a la isla Pavón, empleando señales de humo, al mediodía caliente del verano, se encuentra con una comitiva de cuatro indígenas tehuelches que acompañan a la "china" María. Aunque sus facciones no tienen nada de agradable, sus modos de expresarse en español disponen bien el ánimo y auguran una larga conferencia. Moreno, en su afán de congraciarse su amistad, le parece bueno mostrarle ilustraciones del libro del capitán inglés George Musters (“Vida entre los patagones”), que retrata algunos cuadros de la vida nómade de los tehuelches durante su exploración años anteriores: la muerte del valiente Castro en las alturas del río Chico, las penalidades del invierno, la caza de toros salvajes.
“Nada resulta más plácido, dice Moreno, que la sonrisa de la buena india al reconocer las ilustraciones”. Ella había conocido a Musters y lo recuerda con afecto: "Musters mucho frío tenía; muy bueno, pobre Musters".
Desde entonces uno de sus mejores atributos fue su sonrisa, pero lo mismo podría decirse de la mitad de las indias tehuelches. Eso era así, pero la de María fue sugerente porque, "el buen ánimo de la buena india augura a Moreno una acogida cordial en el kau de su marido el cacique Conchingan, el jefe de los hospitalarios habitantes de Shehuen-Aiken". Sonrió al desconocido, no sabemos que vio ella en él, pero no importa, el hecho es que a poco de conocerse convinieron la visita en el toldo de su marido. El gesto halla su recompensa: recibe de obsequia dos mantas de bayeta punzó que la complacen.
Dicen, que esta peculiaridad de Moreno de captar la emoción de satisfacción de María resulta más reveladora que cualquier omnisciencia; pues solo un ser capaz de hacerlo es capaz, también, de sonreír.
* El autor es abogado y escritor.