"La contingencia es la posibilidad o el riesgo de que un evento determinado suceda o no suceda, especialmente si se trata de una situación o un problema imprevisto" (RAE dixit). Hablar de contingencia, entonces, no es casualidad en estos tiempos, en este mundo, en esta tierra.
Nos sacudieron la palmera y las hojas no paran de caer. Los catastróficos terremotos en Venezuela, Colombia y Japón nos recordaron una verdad de Perogrullo: los mendocinos vivimos en zona de riesgo sísmico. Lo sabemos desde que entramos al jardín de infantes, sin embargo, los que ya peinamos canas pocas veces fuimos parte de simulacros o de acciones preventivas. Contados son los que armaron su mochila de emergencia o tienen claro qué hacer ante un sismo de proporciones.
En Argentina, las principales fallas activas identificadas están en Mendoza, Salta, Catamarca y La Rioja. Pero esas fallas se desplazan todos los días, de ahí que el geólogo Andrés Folguera subraye que "los sismos son una cuestión de tiempo y de azar". Ante esa definición, la palabra contingencia refulge como un cartel de neón.
Hay otros factores climáticos que también ameritan estar alertas, pasando a la acción para no lamentar después no haber reaccionado a tiempo. Los últimos vientos zonda han provocado no solo caída de árboles y techos (lo habitual), sino muertes y a posteriori el previsible debate y polémica porque "alguien" no tuvo reflejos.
Con este fatídico antecedente, el propio gobernador Alfredo Cornejo convocó a todos los intendentes para pergeñar en conjunto un plan preventivo ante el escenario climático asociado al fenómeno de El Niño, que traerá aparejadas lluvias y tormentas de mayor intensidad en la primavera y el verano.
Que se hayan sentado a la misma mesa funcionarios y referentes de Defensa Civil, meteorólogos, Policía, Bomberos, AEMSA, Contingencias Climáticas, Hidráulica y Aysam, entre otros organismos de prevención y emergencias, es un buen ejemplo de una acción mancomunada que debería ser −y no es− moneda corriente. Prever es la mejor política de Estado. Siempre.
Una reciente encuesta reflejó que frente al "Súper Niño" que se vaticina o ante cualquier catástrofe natural, 8 de cada 10 mendocinos reconocen no saber cómo actuar. Dato que sin duda resulta clave para todos aquellos que trabajan en la prevención. Y palo para el rancho de la educación: las escuelas algo hacen, pero aún falta mucho para que desde pequeños se adquiera una cultura de la prevención.
"El miedo no evita la muerte, evita la vida. Y la preparación no nace del pavor, sino de la serenidad con la que miramos al futuro", escribió Séneca en las Cartas a Lucilio. Una lección del filósofo romano en estos momentos en que de golpe queremos hacer todo lo que no hicimos en años. Prever y organizarse son los pasos fundamentales para estar debidamente preparados, aunque frente a la naturaleza fuera de control sea muy poco lo que podamos hacer.
* El autor es secretario general de redacción de diario Los Andes. [email protected]