9 de marzo de 2026 - 00:05

La lucha ambiental no parece ir ganando

Solo hay una ecología y una humanidad cuya supervivencia depende de lo que nos interese saber acerca de los límites que el planeta nos impone y es el respeto de esos límites lo que nos puede asegurar la vida de nuestras próximas generaciones.

Desde hace unos 40 años, ambientalistas y estudiosos de la naturaleza, con el apoyo de algunos gobiernos comenzaron a tratar y difundir el problema del aumento del calentamiento climático y a lanzar las primeras recomendaciones de comportamiento social destinado a mitigar los efectos del fenómeno mencionado que se mostraba con efectos de una marcada extinción de biodiversidad, así como un crecimiento de la contaminación por uso de pesticidas y materiales plásticos, entre otros.

En la actualidad hay un cierto conocimiento bastante generalizado acerca del problema ambiental lo cual no significa que el mundo haya adoptado un comportamiento orientado hacia el cuidado extremo del planeta ni tampoco algo contrario. Pero, sí insuficiente para lo que es necesario si lo que buscamos es terminar con las emisiones de gases de efecto invernadero y otros cuidados que son requeridos para mantener la buena salud de nuestro planeta.

Las Naciones Unidas tempranamente tomaron nota del problema y para ello crearon las COPs (Conferencias de partes) que comenzaron a sesionar anualmente en todos los países miembros comenzando por Berlín en 1995 y siendo la última muy recientemente en Belém do Pará en la Amazonia brasileña.

La verdad es que se ha trabajado mucho, pero sin que se hayan logrado grandes progresos, con excepción de la COP 21 de París en 2015, donde más de 170 países firmaron el primer pacto vinculante con el compromiso de reducir la emisión de gases de efecto invernadero (principalmente el hidróxido de carbono) con puntos de control y seguimientos permanentes, algo que viene bastante atrasado, y con escasos resultados.

Hay que reconocer que no es una tarea fácil cambiar el comportamiento del mundo sin pérdidas importante principalmente de dinero que en el mundo capitalista es la sangre que alimenta la creatividad, la producción y la vida en general de los pueblos si bien hay que reconocer que la búsqueda de energía renovable ha podido crecer significativamente pero aún no reemplazar a aquella obtenida de fuentes fósiles altamente contaminantes.

Está claro que existe un problema serio con el cambio climático y esto se manifiesta en las contrariedades que se ven con el famoso dilema: “quien gana y quien pierde” cuando se producen modificaciones importantes en el vivir diario de la sociedad mundial. Así podría no ser criticable que los países que viven en zonas de bajísimas temperaturas tal vez ahora tendrían la posibilidad de explotar nuevas tierras para la agricultura o cría de animales- comida, o instalar unidades productivas que con bajísimas temperaturas no podrían hacerse. O simplemente poder navegar con productos de intercambio por caminos oceánicos antes congelados.

Situaciones similares podrían darse con respecto a la minería o a las energías extractivas en cuyos casos quienes invirtieron mucho dinero para conseguir esas riquezas no estarán deseosos por cambiar sus hábitos en dirección a la protección climática.

En realidad, lo que está ocurriendo es en buena medida lo expuesto por Thomas Malthus, aquel monje economista que 250 años atrás afirmaba que mientras la población aumentaba en progresión geométrica y de manera indefinida, los alimentos lo hacían en progresión aritmética y solo hasta que hubiera tierras cultivables disponibles.

De estos conceptos se desprende que, en una determinada época se llegaría a una crisis alimenticia que terminaría con la vida en la tierra y no solo por los alimentos sino también por el clima ya que es principalmente el ser humano el que produce el calentamiento del planeta.

El mismo Malthus afirma que hay fenómenos naturales o no que son reguladores de la población humana tales como las guerras, las pestes y los cataclismos violentos. De algún modo es lo que estamos viendo en el presente y / pasado reciente con el COVID y con las más de 50 guerras que hay en el mundo ahora mismo, o basta informarse de eventos naturales que ocurren a diario en algún lugar como inundaciones, terremotos, huracanes o lluvias y nevadas violentas.

Está claro que la población mundial no puede seguir creciendo si es que realmente se quiere combatir el calentamiento global. Tal vez no sea inteligente comprometer las generaciones venideras siguiendo con nuestro estilo de vida actual. cambiar a tiempo puede ayudar a que ellas vivan mejor y sin amenazas.

Por todo esto es lo que el profesor Razmig Keucheyan nos ha dejado la famosa frase: “La naturaleza se ha convertido en un campo de batalla”. Allí lo que debemos defender principalmente es la pureza del clima, el reemplazo de las energías fósiles por renovables, el acceso al agua potable, y la biodiversidad, además de todo lo que nuestro buen criterio nos aconseje.

Afortunadamente en todo esto hay progresos en la forma de realizarlos, porque hay conciencia de que deben hacerse y de hecho hay adelantos encaminados, al mismo tiempo que se necesita mantener y/o mejorar la calidad.

Lamentablemente se percibe poco interés y menos lectura en este mundo del celular y sus aplicaciones que mayoritariamente aportan entretenimiento. Entonces es claro que leer a Malthus sería una utopía, lo mismo que a los resultados de las 30 COPs que la ONU ha presentado al mundo en los últimos años, o abordar diarios y publicaciones de todo el mundo para saber cómo han aumentado los huracanes, las tormentas, inundaciones, nevadas, incendios o guerras. Todo esto está lejos de alcanzar el interés popular que se deposita mayormente en los resultados deportivos, la farándula, la política casera o la violencia social, entre otros.

Solo hay una ecología y una humanidad cuya supervivencia depende de lo que nos interese saber acerca de los límites que el planeta nos impone y es el respeto de esos límites lo que nos puede asegurar la vida de nuestras próximas generaciones. Del mismo modo, es importante reducir el consumo y más que ello hacerlo responsablemente, aunque ya no nos dé margen para cambiar radicalmente las emisiones de carbono.

Principalmente en el clima de guerra que los señores líderes del mundo pretenden mantenernos, ni mencionar desmantelar el complejo militar-industrial que los provee del poder que necesitan para sus fines.

* El autor es especialista en temas ambientales.

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