Cuando los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post, en 1974 dieron origen al escándalo Watergate, que terminó con la renuncia de Richard Nixon, quizás el presidente más popular que dio la democracia de Estados Unidos de América, actuaron con inconsciencia republicana. Cuando el equipo de reporteros del Boston Globe en 2002 pusieron en primera plana un encubrimiento sistemático de abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos y desencadenaron la crisis institucional más grande de la Iglesia en este siglo, actuaron con inconsciencia republicana. Cuando en el 2019 el fiscal General Diego Luciani se metió con la conducta de quien había sido dos veces presidente y luego vicepresidente de los argentinos, y armó la causa Vialidad, a la que calificó como una matriz de corrupción extraordinaria, actuó con inconsciencia republicana.
En una versión vernácula, con actores más cercanos, pudimos ver en Mendoza, el desarrollo de un guion espectacular digno de ser interpretado en una superproducción de Netflix. Estoy hablando de la actuación del Fiscal Dante Vega, que llevó adelante la causa contra el Juez Federal Walter Bento y que concluyó en una sentencia sin antecedentes en la historia de la Justicia en la Argentina. El Fiscal actuó con inconsciencia republicana.
Alguien podría corregir este artículo advirtiéndome que lo correcto sería hablar de “consciencia republicana” y no de inconsciencia. La denominación no es arbitraria ni equívoca. Sí, inconsciencia republicana, bien digo. Personas que lo conocen al fiscal se lo escucharon decir y ellos me lo repitieron: inconsciencia republicana. Hay una relación directa entre el inconsciente y la conducta. Desde el Psicoanálisis decimos que se trata de un hacer sin las barreras o los condicionamientos sociales, un proceso mental que no está en el radar de la vida consciente. En política, y estrictamente en política judicial, la inconsciencia republicana revela una creencia profunda, más allá de lo consciente, en el sistema, una cierta candidez espiritual e ingenuidad que facilita la acción. Como Cándido, el personaje de Voltaire, que tenía un optimismo tan extremo por la especie humana que lo llevaba a decir que vivimos en el mejor de los mundos posibles.
Pero inconsciencia republicana no la tienen todos. Y entre esos pocos que la tienen, otros pocos tienen la valentía de actuar. Porque nada hay más significativo, más importante y más extraordinario que ser valiente. Se trata de una conducta vital que pone a prueba el sentido de nuestra existencia. El valor de la valentía así entendido, nos llega quizás desde la concepción homérica o grecolatina de la conducta. El que la tiene muere en paz. El que no la tiene, vive una vida tortuosa y muere cada vez que recuerda su cobardía. Hadji Murad, el personaje central en la novela póstuma de Tolstoi es un líder de ficción checheno o ávaro en la resistencia contra el imperio ruso, y es la muestra más acabada de que tal vez el único sentido que tiene la vida se realice siendo valiente.
Más allá de la inteligencia artificial, más allá de los grandes centros de poder, más allá de la globalización y de la existencia de nuevos sistemas económicos, más allá del consumo indiscriminado y exagerado de productos industriales, más allá de las noticias en el mundo que nos dicen que esto va para atrás (como el tema de Moris) quizás solo se trate de tener la esperanza en que sigan existiendo algunas personas que nazcan y se formen -como es el caso del fiscal Dante Vega- con inconsciencia republicana y valentía.
* El autor es escribano público.