El 14 de octubre de 2019 nos dejaba Harold Bloom, uno de los teóricos y críticos literarios más importantes de la cultura occidental, con más de cuarenta libros en su haber sobre diversas temáticas, entre los cuales se pueden citar su Canon Occidental de 1994, Shakespeare: La invención de lo humano de 1998, Anatomía de la influencia de 2001 y su magna obra Genios de 2003, entre otros. Fue, además de ensayista, un gran y reconocido conferencista mundial y profesor de Humanidades en la Universidad de Yale y de inglés en la Universidad de Nueva York hasta su jubilación.
El papel de la lectura en su vida ha sido decisivo. como lo recuerda en la introducción al libro Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades (2001), donde edita y recopila cuarenta relatos y cuentos y más de ochenta poemas de todos aquellos escritores que marcaron su vida y que no podría resistir en muchas de sus relecturas. Allí afirma: “Mis hermanas mayores, cuando yo era pequeño, me llevaban a la biblioteca, y de ese modo transformaron mi vida. Al cabo de un tiempo, encontré allí mi propio camino, y nací dos veces, transportado por la poesía y la prosa”.
En su libro Cómo leer y por qué (2000), nos introduce al mundo de la lectura a través de grandes autores y nos permite pensar sobre el cómo leer y el porqué. El tema adquiere mucho valor en la actualidad al estar inmersos en la sociedad de la información donde: “El esfuerzo del conocimiento y la percepción se sustituye por el negocio de la distracción. La consecuencia es una rápida decadencia del juicio humano”, como bien afirma el filósofo Byung-Chul Han en su obra Infocracia. En este sentido, nos interesa reflexionar sobre las razones que el autor invoca, poniendo en valor la reflexión intelectual, el pensamiento y la lectura.
El escritor empieza criticando lo que llama fraude cognoscitivo y estético, que consiste en que ya no leemos por el placer de la lectura, sino para criticar o tener una visión erudita de los autores. En ese sentido, afirma: “En la llamada lectura profesional, sólo raras veces uno recupera el placer de leer que conoció en la juventud, cuando los libros eran un entusiasmo. La manera en que leemos hoy depende en parte de nuestra distancia interior o exterior de las universidades, donde la lectura apenas se enseña como placer, en cualquiera de los sentidos profundos de la estética del placer”. Por supuesto, confrontar a Shakespeare en El rey Lear, que cita como ejemplo, nunca será un placer fácil, ni en la juventud ni en la vejez; y, sin embargo, no leer El rey Lear plenamente es ser objeto de un fraude estético.
En segundo lugar, cuestionaba la función actual de la crítica literaria. En un pasaje notable, se lamenta que la “…cultura universitaria se preocupe por la apreciación de la ropa interior victoriana… reemplazando la apreciación de Charles Dickens y Robert Browning…”. Como se puede observar, lo importante y capital son los autores y su abordaje directo a través de sus obras, y no cuestiones accidentales que los mutilan o fragmentan, dispersando en mil pedazos la unidad de los autores. Por esto, para el profesor de Yale, la crítica literaria debería ser, en primer lugar, literaria, personal y apasionada, es decir: amor literario. En esta perspectiva, afirma en su obra Anatomía de la influencia: “Para mí la literatura no es solo la mejor parte de la vida; es en sí misma la forma de la vida, y esta no tiene ninguna otra forma”. Es decir, la literatura como instancia vital, como una meditación sobre nuestra existencia humana, y no como una mera cuestión erudita. Por eso, no hay distinción entre literatura y vida, para Bloom.
Cómo leer
Para el autor norteamericano, no hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. ¿Qué es leer bien? Primero, afirma que es uno de los mayores placeres que nos puede proporcionar la soledad, que, según su propia experiencia, es el placer más curativo, porque lo devuelve a uno a la otredad, a uno mismo, a los amigos o a quienes pueden llegar a serlo. También es un encuentro con las cosas y por eso alivia la soledad. De esta manera, leemos no solo porque es imposible conocer a más gente, sino porque la amistad es vulnerable y puede desaparecer por el espacio, el tiempo y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.
Para explicar el cómo leer, recurre a tres pensadores: Samuel Johnson, Francis Bacon y Emerson. Del primero, resalta la lectura como actividad de la mente que debe satisfacer el principal compromiso con lo que tenemos cerca, aquello que podemos usar. Respecto a Francis Bacon, toma el célebre consejo: “No leáis para contradecir o impugnar, ni para creer o dar por sentado, ni para hallar tema de conversación o discurso, sino para sopesar y reflexionar”. Y sobre Emerson, cuando señaló que los mejores libros "nos impresionan con la convicción de que una naturaleza escribió y la misma naturaleza lee". Ahora bien, Bloom une estas tres perspectivas, las funde y nos da una fórmula de cómo leer bien: “… encontrar, entre lo que está cerca, aquello que puede usarse para sopesar y reflexionar, y que se dirige a uno como si uno compartiera la naturaleza única, libre de la tiranía del tiempo. En términos pragmáticos, esto significa: primero encuentra a Shakespeare y deja que él te encuentre a ti. Si es que El rey Lear te encuentra plenamente, sopesa la naturaleza que ambos compartís y reflexiona sobre ella; es proximidad contigo mismo”.
En definitiva, leemos para fortalecer el “sí mismo” y averiguar cuáles son nuestros intereses auténticos. Para eso, debemos ser capaces de leer humanamente, con toda el alma; de lo contrario, vana será nuestra búsqueda.
Por qué leemos
Respecto a la segunda pregunta, “¿por qué leemos?” Bloom nos dice: “Leemos a Shakespeare, Dante, Chaucer, Cervantes, Dickens y todos sus pares porque amplían la vida, y más. Leemos en profundidad por razones variadas, la mayoría de ellas familiares: porque no podemos conocer a fondo suficientes personas; porque necesitamos conocernos mejor; porque requerimos conocimiento, no sólo de nosotros mismos o de otros, sino de cómo son las cosas”. Sin embargo, el motivo más fuerte y auténtico para la lectura profunda del tan maltratado canon es la búsqueda de un placer difícil, entendido como un placer profundo y permanente que nos permite convivir con el autor y su obra, logrando una cierta amistad o amor literario.
Por esto, la experiencia de la lectura profunda supone entre otros aspectos, el asombro, la admiración y el encantamiento, aspectos que el autor ha trabajado en muchísimos ensayos y libros como presupuesto de dicha lectura. En este sentido, nos recuerda que: “La aventura de leer, como todas las aventuras de la experiencia, se basa en el encantamiento, y el encantamiento se basa, a su vez, en el potencial de nuestras capacidades más que en un conocimiento completo”. Como se ve, no es una cuestión solo de conocimiento o erudición, sino de la potencial capacidad para gozar y disfrutar de sus obras.
Por último, nos recomienda, o, mejor dicho, nos exhorta a descubrir en la lectura aquello que es realmente cercano, que nos permita sopesar y reflexionar: “A leer profundamente, no para creer, no para contradecir, sino para aprender a participar de esa naturaleza única que escribe y lee”. En momentos de distracción intelectual, Bloom nos invita a la literatura, al amor literario, a ensanchar nuestra existencia por medio de otras vidas, otras historias; a conocer muchos lugares, recuperando el placer del arte y la lectura.
* El autor es docente universitario UM - UNCuyo.