Cuanto más se acerca el calendario electoral, más datos sobre la economía de la provincia empiezan a circular. Los escuchamos, los vemos, se repiten en entrevistas y debates. Pero, por lo general, terminan quedando en lo anecdótico.
Mendoza tiene exportaciones estancadas desde hace más de una década. Un escenario complejo, más competencia en casa y las mismas trabas para vender al mundo.
Cuanto más se acerca el calendario electoral, más datos sobre la economía de la provincia empiezan a circular. Los escuchamos, los vemos, se repiten en entrevistas y debates. Pero, por lo general, terminan quedando en lo anecdótico.
Es que, más allá del cruce entre los precandidatos a la gobernación de Mendoza, que pudimos ver en redes sociales la semana pasada, sobre las exportaciones de la provincia (una discusión que se repitió exactamente de la misma manera en la elección anterior y que nadie atendió), lo cierto es que Mendoza tiene exportaciones estancadas desde hace más de una década.
No es un problema nuevo. Es, más bien, un problema viejo que el Consejo Empresario Mendocino (CEM) viene advirtiendo año tras año en sus informes. El último vuelve a poner los números sobre la mesa, y no son alentadores.
Según el informe del CEM, Mendoza exportó bienes por US$ 1.538 millones en 2025, 4% menos que en 2024 (US$ 1.605 millones). La cifra está 6% por encima del promedio 2015-2024, pero lejos del máximo histórico de 2012, cuando se alcanzaron los USD 1.806 millones. Y si se mira en términos reales, es decir, considerando la inflación internacional, el panorama es peor: las exportaciones mendocinas de 2025 fueron 15% menores a las de 2015 y 12% inferiores al promedio de la última década.
En otras palabras, en diez años no solo no crecimos: retrocedimos.
El peso de la provincia en el total nacional también se achica. Las exportaciones locales representaron el 1,8% de las argentinas en 2025, por debajo del 2,2% promedio de la década, y siguen siendo inferiores a lo que Mendoza aporta al producto del país. Con US$ 751 exportados por habitante, la provincia ocupa el 9° lugar entre las exportadoras, pero cae al puesto 17 en el ranking per cápita. Durante la última década, sus ventas externas por habitante fueron menos de la mitad del promedio nacional.
Entre 2015 y 2025, Cuyo aportó apenas el 3% del incremento de las exportaciones argentinas, pese a concentrar cerca del 7% de la población. La Patagonia, con el 6% de los habitantes, explicó alrededor del 27% de ese crecimiento. Neuquén, impulsada por los hidrocarburos, escaló 15 posiciones y hoy es la cuarta provincia exportadora del país. Santa Cruz, Neuquén y Chubut superan los US$ 4.000 por habitante.
Argentina creció 53% en exportaciones en la última década, por debajo del 69% de América Latina y lejos de Perú, Brasil, México o Chile. Con US$ 1.878 por habitante, el país queda por debajo del promedio regional (US$ 2.320) y muy lejos de Chile (US$ 5.388) o México (US$ 5.039).
La canasta exportadora mendocina tampoco cambió demasiado. Las manufacturas explican cerca del 80% de las ventas externas; el vino fraccionado sigue liderando, seguido por el ajo y el polipropileno, que en conjunto representan la mitad de lo que vendemos al mundo. Brasil, Estados Unidos y Chile concentran más del 50% de los envíos. Pocos productos, pocos mercados.
Entonces, ¿qué hacer? El diagnóstico es conocido, ampliar la matriz productiva (petróleo no convencional y minería lideran) y reducir el costo argentino es clave. Ninguna empresa puede salir a competir afuera cargando con una estructura impositiva que encarece cada eslabón de la cadena productiva.
No es un reclamo nuevo del sector: es una demanda que se repite en cada foro empresario. Y uno de los impuestos más combatidos por el empresariado local es Ingresos Brutos, un tributo que se aplica en cascada y que termina pesando sobre el precio final de lo que exportamos.
Sin embargo, tal como adelantó Los Andes, este será el primer año sin rebajas en ese impuesto.
Entramos así en un año en el que probablemente enfrentemos mayores desafíos económicos, pero con una promesa todavía sin cumplir: la de mejorar el costo argentino. A eso se suma la apertura de las importaciones, que en muchos casos terminó por diezmar a la industria local. Una industria que hoy compite en desventaja dentro del país y que, al mismo tiempo, no logra salir a pelear afuera por el peso que el Estado tiene sobre la producción.
Un escenario complejo, más competencia en casa y las mismas trabas para vender al mundo. Difícil, crecer así.
* La autora es periodista. [email protected]