20 de agosto de 2026 - 00:25

Guita

El problema quizás no sea la GUITA, sino haberla convertido en la única unidad de medida. Medimos el éxito, el prestigio, el talento, la inteligencia y hasta la felicidad con una calculadora invisible que nunca deja de hacer cuentas y de contar GUITA. Y entonces, si todo termina reducido a la GUITA, ¿qué hacemos con aquello que la GUITA no compra?

Presidente de FilmAndes

TARASCA.BIYUYA.PAPOTA.TUTUCA.MONEY.MONEDA.COSPEL.BILLETE. MORLACO.RÚCULA.CHELÍN.MOSCA.GAMBA.PALO.VENTO.CASH.FAJO. CHIROLA.MONONA.PASTA.LANA.LUCA.CHECONATO.COBRE.MANGO. VERDES.VERDOLAGA.AUSTRALES.PATACONES.LECOP.TELA.TECA.SOPE. O sea: GUITA.

Cada época inventó su manera de nombrarla y cada quien tiene su palabra favorita. Cada generación agregó una más a ese diccionario infinito del dinero, en adelante: GUITA. Cambian las monedas, cambian los gobiernos, cambian los billetes o directamente desaparecen, pero el lenguaje siempre encuentra una nueva forma de decir lo mismo.

La GUITA está en todas partes. En la sobremesa, en la cola del supermercado, en el grupo de WhatsApp, en la radio, en la televisión, en las campañas políticas, en las redes sociales, en el regateo de cuando querés comprar lo que sea. Si uno presta atención, descubre que buena parte de nuestras conversaciones empiezan o terminan hablando de GUITA. Del sueldo, de la inflación, del dólar, del alquiler, del crédito, de la tarjeta, del ahorro, del viaje que no se pudo hacer, del auto que hay que vender, del aumento que nunca alcanza, del quini que nos va a salvar o de la apuesta que vamos a clavar (o que ya nos clavaron), todo es GUITA.

Los que la tienen por miedo a perderla y los que no la tienen por el deseo en conseguirla. Los que la esperan cuentan los días hasta fin de mes y los que la amarrocan desconfían del banco y la guardan en el colchón. Los que la invierten miran gráficos y los que especulan esperan el momento justo. Los que la persiguen creen que todavía les falta un poco más y los que la heredan intentan conservarla, si no es que se la patinan antes. Los que la roban, incluso, están convencidos de que la GUITA vale más que la vida.

La GUITA organiza horarios, define carreras, condiciona afectos, cambia gobiernos y hasta modifica el humor de un país entero. Nunca fue solamente un medio de intercambio, siempre fue una promesa. O una amenaza.

Vivimos convencidos de que, cuando llegue esa GUITA —que curiosamente siempre, cual zanahoria, queda un poco más adelante—, por fin podremos descansar. Seremos felices, tendremos tiempo y dormiremos tranquilos. Pero la meta se mueve con una velocidad admirable; siempre nos corren el arco. Lo suficiente nunca termina de ser suficiente GUITA.

No hace falta convertirse en un gurú de la autoayuda para advertir que algo de ese mecanismo se nos fue de las manos. La GUITA resuelve problemas reales y nadie sensato podría negarlo. La pobreza no ennoblece a nadie y la incertidumbre económica desgasta cualquier proyecto de vida, pero otra cosa muy distinta es permitir que la lógica de la GUITA colonice absolutamente todo.

Porque hay conversaciones que ya no giran alrededor de las ideas sino de cuánta GUITA facturan. Profesiones que dejaron de medirse por su aporte al medio, para medirse por la GUITA. Personas cuyo prestigio parece depender exclusivamente del tamaño de su GUITA. Hasta hay una consigna interesante en quienes te aconsejan una carrera: “-…estudia eso nene, te vas a llenar de GUITA!”

El problema quizás no sea la GUITA, sino haberla convertido en la única unidad de medida. Medimos el éxito, el prestigio, el talento, la inteligencia y hasta la felicidad con una calculadora invisible que nunca deja de hacer cuentas y de contar GUITA.

Y entonces, si todo termina reducido a la GUITA, ¿qué hacemos con aquello que la GUITA no compra?: una buena conversación, un paisaje, una tarde con los hijos, el abrazo del amor de tu vida, la satisfacción de hacer bien un laburo, la tranquilidad de dormir sin deberle nada a la conciencia.

Borges, en El Zahir, decía que el dinero es un repertorio de futuros posibles, porque puede convertirse en casi cualquier cosa. Lo loco es cuando dejamos de pensar en todo lo que la GUITA puede convertirse y empezamos a convertir todo en GUITA.

Porque cuando todo, todo, absolutamente TODO, se convierte en GUITA, terminamos justamente en aquello que la GUITA nunca podrá comprar. Y para eso, por más que hagamos cuentas, no hay GUITA que alcance.

* El autor es presidente de FilmAndes.

LAS MAS LEIDAS