viernes 7 de agosto de 2020

San Martín en Perú.
Opinión

General San Martín, fundador de la República del Perú

Mientras transitaba el camino final de su vida pública, asegurada la primer parte de la campaña militar, el 28 de julio de 1.821 el Libertador proclamaba la Independencia del Perú

San Martín en Perú.

Los años de vida pública de José Francisco de San Martín en el Perú, dos para ser más precisos, es, no sólo el último tramo de su carrera militar y política en América sino también una de las etapas más complejas y ricas para ahondar en la obra del libertador.

su acción militar, pero sobre todo de Gobierno, forjarán las bases de la hermana república ejerciendo el gobierno bajo el título de Protector de los Pueblos Libres del Perú.-

Al momento de emprender la expedición libertadora la situación del Virreinato del Perú era compleja para los patriotas, sí bien San Martín conocía los pormenores de la situación política y social en Lima gracias a su eficaz guerra de zapa.

El enfrentamiento entre los caudillos y Buenos Aires., la temprana muerte de Belgrano y las dificultades que atravesaba Güemes en el norte, dejaban a San Martín sin una parte fundamental de la estrategia de pinzas para acabar con los realistas en Perú y asegurar la independencia de América.

La sociedad peruana, reflejo de las cortes madrileñas; era mucho más rígida y anclada en castas que cualquier otra en América, en tanto Lima era una de las más importantes capitales de las colonias donde los intentos revolucionarios habían fracasado sistemáticamente, convirtiéndose en el núcleo de la contrarrevolución.

Mientras transitaba el camino final de su vida pública, asegurada la primer parte de la campaña militar, el 28 de julio de 1.821 el Libertador proclamaba la Independencia del Perú al tiempo que dictaba un sinfín de medidas políticas, económicas, jurídicas y sociales sentando las bases fundacionales de la República ejerciendo el Gobierno bajo las premisas del  Estatuto Provisional del Perú, durante cuya sanción expresó: “Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a toda la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados, y desde los campos de batalla…, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo (…) Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré  el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias,  porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo...; y nada importa que se ostenten máximas filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que ejecuta, es también el que la aplica”…. 

Estos principios, expresados con la claridad y simpleza que lo caracterizaba, fueron su impronta como primer mandatario de la tierra de los Incas; y al igual que durante la Gobernación de Cuyo, su frenética actividad dio impulso a medidas institucionales y progresistas para fundar el nuevo Estado peruano tales como: la creación de la bandera y el escudo nacional, fundación de escuelas y de la biblioteca nacional, creación del ejército y la marina, del Banco de Emisión y la Dirección de Minería, supresión de la esclavitud y castigos corporales, eliminación de contribuciones forzosas, libertad de imprenta, inviolabilidad de domicilios, protección de derechos individuales, libertad de trabajo, y cientos de medidas y acciones de gobierno que establecieron los pilares de la República; para finalmente concluir su vida pública, luego de la entrevista de Guayaquil, estableciendo el Primer Congreso Soberano del Perú, depositando el poder que había ejercido, despidiéndose del pueblo peruano con estas palabras: “Presencie la Declaración de la Independencia de los Estados de Chile y del Perú.  Existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el Imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público.  He aquí recompensado con usura 10 años de Revolución y Libertad.  Mis promesas para con los pueblos en los que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”.-

La extensa obra fundacional de San Martín en el Perú es un ejemplo concreto de abnegación, trabajo, capacidad de liderazgo y decisión, desde un modelo de republicano de gobierno que ejerció como fundador de su libertad y primer mandatario de esa Nación Independiente.