Finlandia desafía a Vladimir Putin

El presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y la primera ministra Sanna Marín.
El presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y la primera ministra Sanna Marín.

Ni Finlandia ni Suecia tenían en sus planes el ingreso a la OTAN. Fue la guerra que impuso Putin la que abrió ese debate en los hemiciclos parlamentarios de Helsinki y Estocolmo.

Que Finlandia golpee las puertas de la OTAN es el segundo tiro por la culata del Kalashnikov de Vladimir Putin. Las consecuencias de sus acciones son exactamente inversas a los objetivos que se plantea al ejecutarlas.

El primer efecto contrario al esperado por el presidente ruso al invadir a Ucrania, fue convertir a Volodimir Zelenski en una suerte de versión ucraniana de Churchill.

Para el jefe del Kremlin, el presidente ucraniano es un líder inconcebible. No encaja en la idea de gobernante que tiene Putin, quien asocia el ejercicio del poder con personajes como el zar Pedro el Grande, Stalin o Mussolini, entre otros exponentes de la vereda autoritaria, y como Roosevelt, De Gaulle y el propio Churchill, entre otros exponentes en la vereda democrática. Pero Zelenski no tiene que ver con nada que Putin pueda asociar con poder y con liderazgo.

Que un hombre joven y sin experiencia política que viene de la actuación en el rubro comedia, no le tema y no haya huido despavorido de Kiev ni bien los tanques rusos empezaron a ingresar desde Bielorrusia, es algo que el líder ruso no puede entender.

Apostó a ocupar Kiev, entre otras cosas, para destruir la imagen de Zelenski, pero logró todo lo contrario: la agigantó.

Lo mismo está logrando con su forma de enfrentar la ampliación de la OTAN hacia el Este. Finlandia, igual que Suecia, estuvo siempre muy cómoda en su neutralidad. Pero la catástrofe humanitaria que está perpetrando el ejército ruso en Ucrania, hizo que estos dos países escandinavos consideren abandonar la política que han mantenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

No puede ser de otro modo. Los tanques, los aviones y la artillería rusas demoliendo ciudades, masacrando civiles y destruyendo la producción industrial y agropecuaria de un país que no había atacado a Rusia, ni financiaba terrorismo en Rusia, ni realizaba acciones de sabotaje contra la infraestructura productiva rusa, es la explicación más contundente de por qué tantos países ex soviéticos, igual que los que integraron el Pacto de Varsovia, buscan la protección de la alianza atlántica: le temen a Rusia y la justificación de ese temor está en la muerte y la destrucción que está sufriendo Ucrania.

El primer efecto contrario al esperado por el presidente ruso al invadir a Ucrania, fue convertir a Volodimir Zelenski en una suerte de versión ucraniana de Churchill.
El primer efecto contrario al esperado por el presidente ruso al invadir a Ucrania, fue convertir a Volodimir Zelenski en una suerte de versión ucraniana de Churchill.

Ni Finlandia ni Suecia tenían en sus planes el ingreso a la OTAN. Fue la guerra que impuso Putin la que abrió ese debate en los hemiciclos parlamentarios de Helsinki y Estocolmo.

Finlandia había superado la mezcla de temor y rencor hacia Rusia que le había dejado la invasión que en 1939 desató la llamada “Guerra de Invierno”. Por entonces, era un país recién nacido, cuyo pasado se repartía entre el imperio ruso y el reino sueco, al que Stalin le exigió que le entregue el istmo de Carelia para alejar las fronteras que estaban a pocas decenas de kilómetros de Leningrado. El canje territorial que ofrecía Moscú resultaba inaceptable y los finlandeses lo rechazaron, por lo que sufrieron la invasión que les impuso el Kremlin.

En esa guerra perdieron más del diez por ciento del territorio, que intentaron recuperar cuando el Tercer Reich invadió la URSS. Pero la resistencia de los finlandeses elevó la imagen de esa nación nórdica en el mundo, y oscureció la imagen de los soviéticos.

Finlandia perdió el istmo de Carelia y tuvo que comprometerse a ser neutral, pero preservó su soberanía. La neutralidad que le impuso la URSS en el acta de capitulación, se tradujo en el no ingreso a la OTAN cuando en abril de 1949 se firmó en Washington el Tratado del Atlántico Norte.

Desde entonces, nunca se habían replanteado la posición que les permitió tener el modelo occidental de sistema político y económico, un vínculo profundo con Europa y sus aliados trasatlánticos, y a la vez una buena relación política y comercial con la Rusia soviética y la Rusia pos-soviética.

La invasión a Ucrania y la consiguiente destrucción de ese país eslavo terminó empujando a Finlandia a intentar el paso que Putin quiere impedirles dar a todos sus vecinos. El líder guerrero ruso al que lo desquicia que no le teman, convirtió a un joven actor cómico en un duro desafiante que, además de no temerle, lo enfrenta. Y con la misma acción bélica con que intenta aplastar a Zelenski, generó otra desafiante inconcebible para lo que él entiende por líder: la jovencísima primera ministra finlandesa Sanna Marin.

Tampoco a ella pudo amedrentar poniéndola en la mira de su vasto arsenal.

*El autor es politólogo y periodista.

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