¿Por qué los ídolos son siempre jóvenes? Está socialmente instalado un patrón absurdo de aplaudir los logros de quiénes están en plena juventud, sin saber muchas veces hacia dónde van y qué quieren. Cambiando estilos y pensamientos en forma constante.
Este absurdo patrón de valoración se repite con los animales, ¿Cuántas veces escuchamos a alguien decir?: Qué hermoso perrito, ¿es cachorro? Como si ese ser cachorro le diera un plus de valoración o estatus.
¿Por qué como sociedad repetimos ese error de fascinación por lo nuevo, dejando muchas veces de lado al que vivió, al que más sabe? Sus pergaminos parecen desfallecer en un recuerdo sin sentido, en un laberinto indescifrable. Superar los cuarenta puede convertirse en una trampa mortal. Estar por encima de cincuenta, un camino casi sin retorno. Somos jubilables a los 65 o antes, dependiendo de la profesión, cuando todavía tenemos mucho por dar. Sólo siguen quienes son autónomos, quiénes no tienen una regulación o un apto médico que puede caducar.
Actores, cantantes, deportistas, si son muy jóvenes mejor. Eso se traduce en mejores contratos, más fructíferos y a plazos más largos. Para nuestra suerte existen deportistas como Novak Djokovic, Lionel Messi, o Cristian Ronaldo, que hacen de la disciplina y la fortaleza mental un culto, superando a jóvenes con 20 años menos que ellos. Actores y directores como Clint Eastwood que salieron del foco superando los 90. Pero para nuestra suerte, tenemos a la ‘Chiqui’ Legrand como estandarte de la lucidez, las ganas, y la persistencia. ¿Quién no quisiera llegar a sus 98 así? Todavía bajo la órbita de los flashes y los titulares.
La pregunta que subyace es: ¿Por qué necesitamos copiar, deslumbrarnos con la inexperiencia y la inconstancia? Siempre buscamos lo nuevo para fascinarnos y admirar. Error, grave error.
En mi caso admiro a quiénes tienen trayectoria, a quiénes confirmaron sus aptitudes con constancia y sacrificio. El talento innato y contradictorio es una veleta oscilante sin dirección clara, algo parecido a la politiquería. Un cambio de bando y de convicciones espeluznante.
Lo escuché a 'Simon Cowell', ese británico descubridor de talentos, cuestionar a un músico con una pregunta tan fuera de lugar como su irreverencia injustificada.
- ¿Qué edad tenés?, le preguntó al cantante.
- Treinta y cuatro, respondió el aspirante.
- ¿Y por qué no lo lograste? ¿Qué pasó?
Una falacia con una estructura tan endeble como un castillo hecho de naipes.
La respuesta fue breve y tibia: Es que soy un músico, no un empresario, y no tengo idea de cómo lograrlo. Un minuto después tenía a todo el público de pie y al propio Simon coreando la canción “Sex on fire”. Búsquenla en las redes.
Sacando una de estas excepciones, es como si el mandato fuera llegar a los objetivos bien joven. En forma tardía carecería de valor o se convertiría en un imposible. Es la idea predominante en el sistema. Es por eso que se lo aplaudía a un joven Boris Becker de 17 años, cuando ganó el torneo de tenis en Wimbledon por primera vez allá por 1985.
Aborrezco el mandato social de triunfar joven. La vida es larga y cada uno tiene sus tiempos de explosión, para agudizar talento y habilidades. Algunos nunca lo lograron en vida como el caso de Vincent Van Gogh, cuando la sociedad no estuvo preparada para algo tan superlativo como sus pinceladas impresionistas.
No nos dejemos presionar por ideas fallidas, sólo serviles a unos pocos quiénes dejan a esos jóvenes talentos sin nada en un abrir y cerrar de ojos, mientras se quedan con los bolsillos repletos de divisas.
Premiemos a quiénes tienen madurez, arrugas en sus rostros. Esos que rara vez aparecen en publicidades de indumentaria deportiva o productos de cuidado estético.
Es ridículo ver en las gráficas a jóvenes trajeados de no más de 25 años, establecer un patrón de ejecutivo exitoso cuando en realidad ni siquiera consiguen trabajo o tienen uno de poca monta.
Publicistas o clientes: están equivocados. Están errando el ‘target’.
¿Después de todo quién impuso que el rostro de porcelana lleno de bótox es el paradigma de la buena imagen?
Una sociedad trastocada, confundida y muchas veces carente de valores.
Despertemos, recobremos el libre albedrío, y el pensamiento individual. Caso contrario seremos simples fotocopias, ladrillos de una pared, como bien ejemplifica ‘Pink Floyd’ en el video de la famosa canción “Another Brick in the Wall” (Otro ladrillo en la pared).
* El autor es novelista y piloto de línea aérea.