24 de junio de 2026 - 00:20

El sistema de campos en el nazismo: un pasado que interpela nuestro presente

La proliferación actual de ideologías de izquierda y derecha, que se sostienen en narrativas extremistas de lo más variadas e incluso contradictorias, - genocidio blanco, decadencia cultural o religiosa, glorificación de la violencia, estratificación biológica de “la raza humana”, etc. nos obliga a mirar los distintos memoriales del nazismo, no solo como testigos de un pasado trágico, sino como una advertencia permanente de la capacidad de destrucción del ser humano.

En 2008 tuve la oportunidad de reforzar mis conocimientos sobre la Shoá. A partir de allí, un nuevo espacio de saberes se abrió ante mis ojos, recorriendo diferentes memoriales, centros de investigaciones, museos, monumentos en diferentes países, intentando comprender algo que en principio parecía construido de manera desorganizada y caprichosa, en el marco de una aberrante ideología racial.

Años de investigación, que culminaron con una increíble práctica profesional en el memorial de Buchenwald en enero de 2026, me permiten afirmar que se suele reducir el tema de los campos durante el nazismo, a los campos de concentración y exterminio. Pocas veces se hace referencia, o se lo hace de manera superficial, a los diferentes campos y subcampos del régimen - estos últimos vinculados al trabajo forzado-, establecidos y /o modificados, en distintos momentos y con finalidades diferentes entre 1933 y 1944, como un sistema, con objetivos definidos, con una organización y un claro mecanismo de control.

A esta mirada parcial o reduccionista, se adiciona una escasa disponibilidad de material académico en idioma español que lo aborde desde una perspectiva holística.

Aún la mayoría de los sobrevivientes, víctimas directas de este sistema, no alcanzan a dimensionar de que cada uno, involuntariamente, fue un engranaje clave en la materialización de los objetivos estratégicos del régimen nazi. Esta dificultad está dada, obviamente, por la propia experiencia de cada uno y una serie de factores necesariamente condicionantes, como la edad, el idioma, el lugar, la profesión, los constantes traslados, el paso del tiempo, el deseo de saber o no, etc. Muchos sobrevivientes, recién después de varios años, decidieron investigar para entender su historia, otros prefirieron seguir adelante sin hacer preguntas, llevando ese dolor en lo más profundo de su alma.

Lo cierto es que los campos del nazismo se montaron sobre la base de un sistema claramente organizado y centralizado bajo la administración de las SS (Schutzstaffel), quienes fueron los principales responsables de la instrumentalización del terror para la consecución de los objetivos del régimen, tanto en materia de guerra racial como guerra de agresión. En estas dos dimensiones, raciales y bélicas, se comprende la expansión, evolución y desarrollo multifacético del sistema que se pueden sintetizar en estos cuatro puntos:

  • Las necesidades del régimen fueron las razones de la dinámica evolutiva de los distintos tipos de campos establecidos, que, de sus tipologías puras– concentración, prisioneros de guerra, trabajo forzado, tránsito, exterminio - fueron mutando, readaptándose e incluyendo diversas funcionalidades. Lo más habitual, hacia 1942, es que el “tipo puro de campo” dejara de existir.
  • Los distintos tipos de campos establecidos durante la guerra racial y la guerra de agresión se fueron entrelazando y complementando, manteniendo características y elementos comunes transversales a las distintas tipologías.
  • Las transformaciones en el sistema fueron resultado de las necesidades emergentes, siendo 1942 un punto de inflexión, tanto en la guerra racial – con los campos de exterminio – como en la guerra de agresión – con los campos de trabajo forzado -. En la fase final del sistema, estos dos tipos de campo prevalecieron por sobre los otros, que se tornaron en reservorio de seres humanos donde exterminio y trabajo forzado coexistieron y se complementaron.
  • El sistema en su conjunto se montó sobre un aparato centralizado de terror, que fue transversal a la tipología de los campos y que incluyó el trabajo como método de castigo y humillación, aunque en determinados casos, como método de reeducación y reinserción en la sociedad aria; ejecuciones masivas; torturas y castigos; eliminación por hambre, enfermedades, agotamiento laboral y experimentos médicos. La muerte no solo fue una característica de la fase final del sistema mediante la eliminación por gaseamiento – primero en camiones adaptados, luego en cámaras por monóxido de carbono y posteriormente con zyclon B –, fue característica distintiva del sistema desde un comienzo.

Cuando me preguntan ¿por qué estudias la política de exterminio masivo del régimen nazi después de tanto tiempo? quedo en silencio, intentando contener toda la cantidad de información que podría dar para explicar que no solo se trata de conciencia histórica, sino de una advertencia sobre la capacidad que tiene el ser humano para deshumanizar, cuando las ideologías dañinas encuentran cabida en una sociedad. ¿Quedó en el pasado? No, al contrario, asistimos a un fenómeno global de polarización de las sociedades que crean condiciones para el extremismo violento, la radicalización y el socavamiento de las democracias.

No basta con centrarnos en las grandes organizaciones terroristas actuales o en políticas antiterroristas que violan principios elementales de humanidad para alarmarnos.

Basta ver la masacre en la escuela normal Mariano Moreno, en marzo de este año, en San Cristóbal, provincia de Santa Fe, para entender que el extremismo violento no conoce fronteras y que la era digital acelera los procesos de reclutamiento y radicalización, en especial, en jóvenes vulnerables.

La proliferación de ideologías de izquierda y derecha, que se sostienen en narrativas extremistas de lo más variadas e incluso contradictorias, - genocidio blanco, decadencia cultural o religiosa, glorificación de la violencia, estratificación biológica de “la raza humana”, etc. - (que sostienen grupos tan heterogéneos como Proud Boys, O9A, Red 764, Nordic Resistance Movement, True Crime Community, Jung und Stark, Vulkangruppe, entre otros), nos obliga a mirar los distintos memoriales del nazismo, no solo como testigos de un pasado trágico, sino como una advertencia permanente de la capacidad de destrucción del ser humano.

(*) La autora es bachiller universitario en Ciencias Políticas, licenciada en Relaciones Internacionales, Investigadora en Ciencias Sociales, máster Universitario en Estudios Avanzados de Terrorismo. Se ha especializado en Derecho Internacional Humanitario.

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