12 de septiembre de 2026 - 00:30

El Padre Mateus y los que eligen la colectora del bien

Sin estadísticas ciertas de si los padres Mateus son más que este tipo de proyectos empáticos y saludables, lo cierto es que la inteligencia artificial está ahí, disponible y tentadora, como una maravillosa herramienta que, según en qué manos caiga, actuará como un recurso constructivo o destructivo. Ángel o demonio.

En materia de ciberdelito, el ingenio humano asociado a la inteligencia artificial no deja de dar ejemplos de hasta dónde se pueden correr impunemente los límites. En Brasil, no tuvieron mejor idea que "crear" un sacerdote sin piernas y lanzar una colecta para comprarle prótesis. Según la narrativa de estos sátrapas, el religioso caído en desgracia se llamaba Mateus y tenía 38 años. Alguien atento, sabueso ad hoc, descubrió "detalles" que permitieron desactivar la patraña. Hasta ahí una de las tantas estafas vía IA que revelan cuánto peso específico va perdiendo la verdad.

Pero, así como se puede crear un Padre Mateus sin piernas, también se puede optar por tomar la colectora del bien, aunque se tarde más en llegar a destino. Por suerte, la vía para generar un impacto transformador en la sociedad está bastante transitada. Comparto algunos buenos e inspiradores ejemplos de quienes levantan la vara ética.

Marianela López eligió este camino motivada por su hijo Amador, diagnosticado con Asperger y dislexia. Tras educarlo de forma personalizada con el apoyo de profesionales, decidió estudiar Ciencias del Comportamiento y especializarse en neurociencia y procesos de aprendizaje. Con la llegada de la IA generativa y la colaboración de su esposo ingeniero, crearon el proyecto Empujón. La iniciativa surgió ante la insuficiencia del modelo educativo tradicional para responder a ritmos e individualidades particulares, así como ante la falta de tiempo de los docentes para personalizar la enseñanza.

Empujón es una herramienta centrada en la fluidez lectora que analiza audio y video midiendo más de 30 parámetros y 420 puntos del rostro, con especial atención en la mirada. La plataforma detecta errores, analiza tipos de palabras y rastrea movimientos oculares, fijaciones y regresiones durante la lectura. Hoy por hoy se aplica en escuelas y universidades públicas y privadas, beneficiando a unos 4.500 estudiantes de Argentina, Chile, Paraguay, Perú y México. Imparable, el proyecto se apoya en un equipo multidisciplinario distribuido entre Mendoza, Buenos Aires, Suecia y Japón.

Existen otros proyectos inspiradores que utilizan la tecnología en favor de la inclusión social. Impulsado por el trabajo de su madre como docente de Lengua de Señas, Mateo Salvatto desarrolló Háblalo, una aplicación móvil gratuita pensada para superar las barreras de comunicación de personas con discapacidad auditiva, parálisis cerebral o trastorno del espectro autista. La plataforma integra IA y procesamiento de lenguaje natural para realizar traducciones bidireccionales en tiempo real, facilitando la vida de más de 400.000 usuarios en todo el mundo.

El bioingeniero cordobés Facundo Chávez creó OTAA Alternative motivado por la realidad de su hermana Jerónima, quien vive con parálisis cerebral y severas limitaciones del habla. Con el objetivo de brindar una herramienta accesible a personas con compromisos motores, diseñó una aplicación que utiliza la IA para facilitar la comunicación a través de pictogramas. El sistema analiza variables del contexto, como la hora y la ubicación, para predecir las frases que la persona podría necesitar en ese momento, reduciendo tiempos de selección y devolviendo autonomía comunicativa a miles de usuarios.

Sin estadísticas ciertas de si los padres Mateus son más que este tipo de proyectos empáticos y saludables, lo cierto es que la inteligencia artificial está ahí, disponible y tentadora, como una maravillosa herramienta que, según en qué manos caiga, actuará como un recurso constructivo o destructivo. Ángel o demonio.

* El autor es secretario general de redacción de diario Los Andes. [email protected]

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