13 de agosto de 2026 - 00:00

El ajuste mata

Durante años los argentinos seguimos pagando impuestos específicos para sostener la infraestructura vial. Si ese dinero no llega a las rutas, ¿qué confianza puede tener un ciudadano en que los recursos públicos cumplen el destino para el que fueron creados? La discusión no es si hay que cuidar las cuentas; claro que hay que hacerlo. La discusión es qué estamos sacrificando para mostrar un número.

El Gobierno finalmente admitió lo que durante meses negó: parte del dinero que recauda el Impuesto a los Combustibles, creado para financiar el mantenimiento de las rutas nacionales, se desvía para sostener el equilibrio fiscal. No era que no había plata para las rutas, simplemente decidieron usarla para otra cosa.

La discusión ya no es solamente económica, es profundamente humana. Porque cuando una ruta no se mantiene, el ajuste deja de verse en una planilla de Excel y empieza a verse en los accidentes, en los productores que pierden competitividad, en las familias que tardan más en llegar y, muchas veces, en vidas que podrían haberse salvado. No hay superávit que justifique una tragedia evitable.

Lo más preocupante es la contradicción. Durante años los argentinos seguimos pagando impuestos específicos para sostener la infraestructura vial. Si ese dinero no llega a las rutas, ¿qué confianza puede tener un ciudadano en que los recursos públicos cumplen el destino para el que fueron creados? La discusión no es si hay que cuidar las cuentas; claro que hay que hacerlo. La discusión es qué estamos sacrificando para mostrar un número.

Como joven, me preocupa que estemos naturalizando un modelo donde todo se mide por el equilibrio fiscal mientras se deteriora la economía real. Las familias siguen endeudándose para llegar a fin de mes, el primer empleo sigue siendo un privilegio y ahora sabemos que incluso los fondos destinados a cuidar nuestras rutas terminan financiando otro objetivo. El ajuste dejó de ser una promesa transitoria para convertirse en una forma permanente de gobernar.

Un país no se construye solamente con balances ordenados, se construye con infraestructura, con producción, con oportunidades y con un Estado que respete el destino de los recursos que recauda. Porque cuando se ajusta donde no se debe, el costo no lo paga una planilla: lo pagan las personas.

Por eso, vale la pena decirlo con todas las letras: el ajuste no mata por una consigna política. Mata cuando una ambulancia no llega a tiempo, cuando una familia pierde a un ser querido en una ruta abandonada o cuando el Estado decide que un peso destinado a prevenir esas tragedias vale más inmovilizado en una cuenta que invertido en salvar vidas.

* El autor es estudiante de Comunicación Social.

LAS MAS LEIDAS