8 de agosto de 2026 - 00:15

¿Ya no existe un buen futuro?

Vivimos un tiempo de caos, ansiedad y fragilidad donde parece que solo quedan malas opciones. ¿Hay algún horizonte esperanzador posible?

Desde la post pandemia en 2020, Jamais Cascio viene planteando la noción de que el sistema de interpretación de la realidad “VUCA” (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) se quedaba corto en algunos aspectos y por eso dio con el constructo “BANI” (del acrónimo al español sería: frágil, ansioso, no lineal e incomprensible). Es decir, en un mundo de caos, ansiedad y fragilidad aún mayor -si es que eso es posible- se impone buscar nuevas ideas.

Ahora bien, nada hay de nuevo en esto.

La necesidad humana de interpretar y, sobre todo, predecir lo que viene es ancestral.

Las civilizaciones antiguas de Mesopotamia inspeccionaban las vísceras de animales sacrificados (haruspicina) y el vuelo de las aves (auguria), mientras China consolidaba el I Ching con sus hexagramas y la escapulimancia sobre huesos oraculares. Grecia consultaba oráculos como el de Delfos e interpretaba sueños (oniromancia), y Roma heredó la lectura de astros que derivaría en la astrología, hoy la práctica adivinatoria más difundida.

Adaptabilidad, plasticidad, capacidad improvisación son algunas de las “alternativas” que propone este autor como lado B del contexto que nos rodea. Tener claro a dónde vamos, pero ser lo suficientemente flexibles como para tomar los atajos necesarios. Parece muchísimo si empezamos a leer el mundo en clave geopolítica.

Donald Trump reescribe las reglas del comercio global y erosiona medio siglo de consensos sobre libre mercado, un cambio de las reglas del juego decidido de manera unilateral, sin negociación previa. La crisis de la multilateralidad -una OMC sin capacidad de arbitraje, foros que deliberan sin decidir- muestra cuánto se estrechó el espacio del diálogo para resolver problemas que, por definición, son globales.

En paralelo, la economía se vuelve más volátil y más concentrada, la compra de la dueña de PedidosYa por parte de Uber ilustra cómo la gig economy latinoamericana queda en pocas manos, con las condiciones de miles de repartidores definidas lejos de la región.

Y las guerras recuerdan que en un mundo hiperconectado ningún conflicto queda aislado. Altera cadenas de suministro, energía y precios a miles de kilómetros de donde estalla. Ninguno de estos frentes se resuelve con una burbuja mágica. Sobre todo, se debe empezar a pensar en construir de manera colectiva. La perspectiva individual, por lúcida que sea, acorta el horizonte. Sumar distintas miradas, disciplinas que no dialogan, generaciones y geografías y sociedades que leen el mismo hecho de manera diferente. La diversidad como disparador de soluciones en un mundo tan complejo, como lleno de posibilidades, podría darnos un principio de esperanza.

* La autora es periodista, Agencia de Comunicación Improfit, Docente Universitaria ORT, Uruguay.

LAS MAS LEIDAS