26 de septiembre de 2026 - 00:30

Educación en rojo: Domingo Faustino los mandaría a todos a marzo

Domingo Faustino se agarraría la cabeza con las malas noticias que surgen de la educación de hoy. "Tanto esfuerzo para esto", podría cuestionar el sanjuanino con el ceño fruncido. Los resultados de las últimas mediciones de las pruebas PISA son un llamado de atención del que ningún gobierno serio puede desentenderse.

Domingo Faustino se agarraría la cabeza con las malas noticias que surgen de la educación de hoy. "Tanto esfuerzo para esto", podría cuestionar el sanjuanino con el ceño fruncido. Los resultados de las últimas mediciones de las pruebas PISA son un llamado de atención del que ningún gobierno serio puede desentenderse.

Los números de Argentina muestran un cuadro de marcado retroceso en comparación con su propio historial y frente al contexto internacional: hoy se ubica en el puesto 72 entre 91 países evaluados a escala global. A nivel de América Latina, quedó relegada al octavo puesto.

Matemática sigue siendo el área más crítica. El 76% de los estudiantes no alcanza el nivel mínimo de desempeño, lo que significa que tres de cada cuatro chicos de 15 años enfrentan serias dificultades para interpretar o resolver situaciones sencillas sin guía directa. En Ciencias, el 59% de los alumnos no alcanza los conocimientos mínimos, viéndose imposibilitados de explicar fenómenos cotidianos o validar conclusiones basadas en datos simples. Y en lectura, cerca del 59% quedó por debajo del umbral básico de comprensión lectora. Ergo, estamos en el horno.

También la inversión impacta en la consideración que se tiene de la educación. Históricamente, el gasto consolidado en este rubro rondó o superó la meta legal del 6% del PBI. Sin embargo, el aporte real sufrió fuertes vaivenes atados a las crisis macroeconómicas y los procesos inflacionarios.

En el terreno universitario el panorama académico no es mucho mejor. No es caer en la fácil sostener que la inteligencia artificial está impactando en la laxitud de muchísimos estudiantes que llegaron a esta etapa con una base flojísima. La formación avanza con palos de ciego.

En lo financiero, la Ley de Financiamiento Universitario fue sancionada por el Congreso para garantizar la actualización automática del presupuesto y la recomposición de los salarios docentes y no docentes frente a la inflación. Sin embargo, el Poder Ejecutivo la vetó y aunque después la norma quedó promulgada, evitó aplicarla argumentando falta de previsiones presupuestarias específicas.

Como si este contexto no fuera de por sí preocupante, una investigación de la Universidad Austral reveló que los estudiantes argentinos perdieron coeficiente intelectual en la última década. Sarmiento pone los ojos en blanco una vez más.

El deterioro se percibe sobre todo en chicos de entre 8 y 15 años, en tanto que el mayor impacto se observa en la baja del rendimiento verbal. En diez años, alumnos de la misma edad mostraron una caída promedio de 3,6 puntos de coeficiente intelectual total, un descenso mucho más marcado en las habilidades verbales. No es consuelo, pero este fenómeno también se observa a nivel internacional: si el puntaje promedio de CI a igual edad en 2013 era de 100, diez años después bajó a 96,4.

Por supuesto, el problema es tan profundo que resulta absurdo pretender dilucidarlo por completo en este exiguo espacio. Estos son apenas algunos de los numerosos datos de la realidad educativa que están sobre la mesa, mientras los responsables de tan esencial asunto ni siquiera acercan la silla. Incómodos, miran para otro lado; eso sí, su héroe de cabecera siempre será Domingo Faustino, padre del aula, Sarmiento inmortal.

* El autor es secretario general de redacción de diario Los Andes. [email protected]

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