1 de octubre de 2026 - 00:00

Educación: enchufe aquí (primera nota)

Tres textos críticos para desarmar el cruce entre la escuela tradicional y el avance digital. A través de un tríptico ensayístico, Leandro Hidalgo propone reflexionar sobre el rol de la enseñanza frente a la aceleración técnica. Hoy publicamos el primero: ¿Qué margen nos queda cuando la velocidad de los cambios nos exige pura reacción? Pensar la educación hoy implica ir más allá del vértigo de los parches lógicos o la acumulación de certificados. Esta primera entrega propone detener la marcha para analizar el medioambiente tecnológico desde nuestras propias historias y necesidades regionales.

— “I want AI to do my laundry and dishes so that I can do art and writing, not AI to do my art and writing so that I can do my laundry and dishes.” [Quiero que la IA lave la ropa y los platos para poder dedicarme al arte y a escribir, no que la IA haga el arte y la escritura para que yo tenga que lavar la ropa y los platos]. Joanna Maciejewska (@AuthorJMac en X, 2024).

Pensar a la Educación como un tomacorriente a la que se le enchufa todo lo que pasa, es un error. Claro que todo se mueve (no necesariamente avanza), el piso, el cielo, y a veces hasta las paredes destartaladas de las escuelas. Cuántas veces leímos que la Educación ya no asiste a las necesidades contemporáneas. Que se crearon emulando fábricas del siglo XIX. Que es urgente desafiar la nueva revolución tecnológica. Ese diagnóstico (cierto, pero escaso), y “estar a la altura”, se transformó en el santo grial de autoridades e instituciones que lo prodigaron. Y, sin embargo, no hubo discusión alguna, apenas pequeños retos: si usan o no celulares en las aulas. Si utilizan buscadores. Si los hacen los trabajos con inteligencias externas. Si los docentes utilizan las plataformas digitales. Pero ¿cuándo pasó todo esto?, ayer, vino muy rápido. Tanto, que no nos dejó tiempo para reflexionar sobre nada.

No hay mejora sin inversión real, multimillonaria, a escala. No siempre se trata de buena voluntad, de ética personal, de coerción. Hace falta decisión efectiva, una mirada holística que permita incluir todos los elementos, con muchas voces adentro. No alcanza con reclamarles un toco de certificados a los bastardeados profesores.

Las nuevas tecnologías desembarcaron con todo puesto. Vinieron a “pedirnos” (como siempre) los recursos naturales, las materias primas (los datos), y a cambio nos llegaron (vendieron, instalaron, impusieron) sus dispositivos. De todo el abanico de lo múltiple, las nuevas calaveras de Colón avistaron terra nostra, trayéndonos novedades del centro, y nos alertaron de que estábamos atrasados, que nos apuremos si queríamos llegar a algún lado. Así arrancaron los espejitos de colores y la carrera de parches, carrera del apuro, y carrera de cursos. Cursos para todo. Curso para lo que se agrieta, curso para el certificado elegante, curso para ser más feliz, curso para organizarte, curso para optimizar el tiempo, curso para disfrutar la vida fuera del curso. Cursos para todo lo que no hace falta de verdad, pero hace falta en la mentira (y pasamos más tiempo en la segunda que en la primera). Ese desembarco ocurrió casi de un momento a otro en estos lares, y el ámbito educativo lo recibió ya disperso, enmarcado en un mundo en pleno cambio, con la edificación de nuevas subjetividades en los estudiantes, y en un contexto cada vez más individualizados unos de otros.

El resultado fue pura reacción, una avalancha de cursos puestos a circular por redes, talleres, innovaciones, charlas, espacios, rincones, encuentros virtuales, que mejoran la productividad del maestro, del estudiante, del empresario, del emprendedor, tips para convertirte en un analista, en un junior, en un senior, en un sofisticado decisor, en modalidad combinada, sincrónica, asincrónica, sentado, parado, en grupos, acomodado a tu tiempo, al tiempo del tiempo, por obligación, por precio, por dedicación, pero siempre en stress permanente, siempre intentando lo que parece imposible en medio de tanta velocidad, formarse.

El ámbito educativo nos va a ahogar de certificaciones, de cursos como baldes con agua, meta los pies, uno aquí y otro aquí, esto le reportará un punto, este medio punto, este dura dos meses, este seis, este certificado lo habilita para dos años, este lo entrega en mesa de entrada, este lo descarga de la nueva plataforma, este curso lo pondera, este lo califica, este fue a comprar, este lo cocinó, este se lo comió. Un disparate en medio del caos comunicacional y la falta de trabajo. Me recuerda las imágenes de tragedias, todos corriendo, gritando, cada uno haciendo algo distinto, pero a la vez lo mismo, tratar de salvarse.

En este panorama de horror y cuentapropismo, y cartel motivador, es muy difícil pensar lo que de verdad necesitamos, conectarnos con lo nacional, con lo continental en nuestra área, con nuestros recursos, con nuestras historias, nuestras posibilidades, nuestras conveniencias. Somos un hormiguero desordenado, un hormiguero mínimo con el juegan tres o cuatro niños gigantes, que lo explotan con un petardo para distraerse de sus pantallas. Nosotros las hormigas, ellos la pólvora. Nosotros el experimento, ellos el invento.

El saber se dispersa fragmentado en mil partes chiquititas, que de inmediato se transforman en flyers y corren por los grupos, anunciando breves tiempos de instrucción, casi nula lectura, un modo tan alisado de enfrentarse al conocimiento, la idea casi ingenua de ofrecerse, o de participar. En esto también la Educación cambia el sentido, en el método, incorpora los mecanismos de una vida selfie, soft, y digital, cree que tiene replicar eso. Y lo cree porque lo vive. Importa más el cartel en redes, que lo que efectivamente sucede. Tiene más importancia lo que ve el internauta, que lo que ve el que asiste al evento.

Hay un momento muy difícil de determinar, cuándo el mundo decidió que lo importante (lo nuevo, lo innovador, lo que se viene, lo que es, lo que reporta, lo que necesariamente tenemos que ser y tener, lo que las instituciones demandan, lo que el Estado quiere para sus ciudadanos, lo que los medios valoran, lo que en las redes se habla y magnifica) iba a ser sólo el mercado y la tecnología. Que ese iba a ser nuestro medioambiente a partir de ahora. Alguien dictaminó el fallo, alguien decidió que esos iban a ser los únicos dos temas, los pilares de nuestra vida, pero no fuimos nosotros.

En el ecosistema de la Educación resuena la presencia de una formación permanente, que habilita a los estamentos a nuevos organigramas, desafíos, nuevos programas que se revisten de palabras tales como formación, propuesta, estrategia, incorporación, experiencia, verbos como elevar, permitir, asociar. Me pregunto además si no son los términos que más usan los grandes modelos de lenguaje, y que al filtrar todo por allí, terminan igualando el factor humano al script artificial. Todo parece puesto en un estante para la foto, o para diversas fotos en scroll, estantes con latas, sintéticos para aprender. En cada curso, en cada imagen que lo promociona, se nos va una parte. No sé cuál.

¿Cuándo se tomó la decisión de que el mercado y la tecnología eran el futuro? Evidentemente, no la tomamos nosotros, pero en nosotros encarnó, en nosotros tomó forma, cauce, nosotros fuimos su curso. La pregunta fundamental (sobre el por qué nuestro devenir se enmarcó únicamente en estas dos claves) también tiene que hacérsela la escuela, y la Educación en general, pensarlo hacia adentro, desde lo regional, nacional, y global. Que sigamos siendo las venas por las que fluye el contexto actual de centros y periferias, no puede ser nuestro último destino final. Si la nueva dominación es la extracción de datos y con ellos, que pensemos todos iguales, es urgente que las instituciones se pregunten por otros mundos posibles, cuáles existieron en toda la Historia, cuáles pueden existir, qué podemos ser, qué queremos ser, también, la Educación como posibilitadora de realidades alternas, como constructora, no solo como replicante. Que el avance de la humanidad sea un mundo de avatares y empresas tecnológicas, es una posibilidad, fundamentada en el recorrido de ceos dueños de una parte del mundo que así lo propusieron. Pero también podemos nosotros preguntarnos por otros aspectos, por otras caras de un mundo en progreso para desarrollar, el mundo del trabajo, por ejemplo, un mundo para personas, el mundo del arte, por qué no, el mundo de las comunidades, un mundo para la conversación, un mundo para los aprendizajes, el mundo de la salud mental, un mundo de las tolerancias, el mundo de las infancias, el mundo de lo heterogéneo, un mundo para escuchar, también para estar serenos. Por eso es importante pensar, para poder elegir.

Las instituciones educativas quedaron subsidiarias de algo que no les pertenece, sometiendo, prescribiendo, sembrando un ambiente, una sociedad, que no sabe (porque no lo ha pensado) si es lo que quiere tener por dentro. Esto en Educación se ve muy rápido, porque intentan pisarle los talones a no se sabe qué. ¿A quién hay que pisarle los talones?, y en tal caso, ¿por qué? Una burbuja de invitaciones a subirte, a inscribirte en un nuevo curso donde te enseñarán cómo alguien logró lo que también podés lograr vos, siempre en un nuevo reel que lo promociona. Desplazamos el scroll del celular hacia una nueva oferta, una nueva propuesta algorítmica que apunta, en última instancia, siempre al mismo lugar. La Educación está mareada, tiene a disposición las mil y una, pero no sabe bien qué hacer con eso. Quizá porque antes hay mil cosas que rever.

La pregunta puede ser, no tanto por el destino, si no la del por qué. Porqué esta perspectiva parcial, y no otra perspectiva parcial. Porqué esta perspectiva parcial, y no otras perspectivas parciales sucediendo al mismo tiempo. ¿Cuándo la escuela, (en sus instancias iniciales, pero incluso después) dejó ser integradora, totalizadora de elementos humanizantes, propia de las personas, de sus vidas dentro de un panorama de continuidad, con sus abuelos, sus padres, sus amigos, sus vecinos? En qué momento se pensó en ir al salvataje (si es que es así, vamos a suponerlo) de los jóvenes en apuestas online, en el desquicio de las redes, en educación financiera, todo eso antes que en pensar en ofrecerles condiciones para que consigan un trabajo acorde, formación humana para conectar con otros, arte y cultura para desarrollar el espíritu, preguntas para poder elegir, para poder dudar, todo aquello que es propio de la condición humana. ¿No se supone en Educación que esos eran (¿siguen siendo?) los valores fundantes? Traté de no usar el sustantivo “valores”, pero lo cierto es que evolucionan más lentos que las tecnologías que usamos. Sorry, Mr. Elon Musk, no alcanzamos a pensar tan rápido lo que tenemos que hacer. Los cambios en las tecnologías de punta van tan acelerados que no logramos incorporarlos a nuestra esfera humana argentina. Cada vez se pone más grande esa distancia. En este sentido, la escuela, pero la Educación en general, tienen que notar esa distancia entre las partes, para no querer subirse al tren cueste lo que cueste, sin siquiera saber quién lo conduce o para qué.

No es innovación ofrecer, dar, tomar, hacer, y aprobar un curso de cómo hago entrar algo por este lado (input) y cómo sale algo mágicamente por este otro (output). No sé qué es “innovación”, pero me imagino que debe ser algo mucho más total.

Los tres saberes que formaron el modelo educativo por competencias, “Saber”- “Saber hacer”- “Saber ser”, siempre fueron una tríada transversal para ser y estar en el mundo. Gran parte de ese “Saber”, y casi todo el “Saber Ser”, hoy están en desventaja estrepitosa. No se trata de que ahora mismo tengamos una guía definitiva, ni de que no usemos las tecnologías que nos vienen a la mano y nos mejoran cientos de aspectos. Hace falta que veamos qué rol debe tener la Educación, y principalmente cómo conecta con el pasado y con el futuro, con la región, con la formación de personas. Se lo exijo a la Educación porque es la que nos dio las herramientas para pensar y sentir. No podemos enchufarle todos los dispositivos que ni siquiera sabemos abrir, queremos ver qué tienen adentro. Y queremos ver qué tenemos adentro nosotros también, de eso se trata.

* El autor es escritor y sociólogo.

LAS MAS LEIDAS