Del multilateralismo al aislacionismo

El año finaliza y tal vez sea recordado como el final del orden establecido al finalizar la guerra mundial en 1945 abandonando hoy EE.UU. las ideas integracionistas para volver a las aislacionistas, mientras que países como la Argentina necesitan del multilateralismo para preservar sus intereses, su integridad, su independencia.

Cuenta en sus memorias el general Dwight Eisenhower que a fines de 1951 recibió propuestas para la candidatura presidencial del partido Demócrata y del partido Republicano. Resolvió aceptar la candidatura republicana por dos razones, la primera la motivaba que el partido demócrata estaba desde 1933 en el poder; al vencer el mandato de Harry Truman completará veinte años gobernando los Estados Unidos. El jefe de los Aliados en la segunda guerra mundial pensó que, aceptando la postulación por los republicanos, contribuiría a la alternancia política, siempre saludable en las repúblicas democráticas.

La segunda razón fue su preocupación de que se impusieran en ese partido las tendencias aislacionistas, que habían imperado en su seno, en el período transcurrido entre las dos guerras mundiales. Su contrincante por la candidatura republicana era William Taft, hijo de quien presidiera ese país entre 1909 y 1913 y posteriormente la Corte Suprema. Taft en un acto celebrado horas antes del ataque japonés a Pearl Harbour, decía: “ni un dólar para la guerra en Europa”, en días en que el ejército nazi llegaba a Moscú, sitiaba Leningrado y desarrollaba una batalla submarina en el Atlántico norte para lograr quebrar la resistencia inglesa cortando los abastecimientos de Gran Bretaña.

Curiosamente un gobierno republicano con la guerra contra España a fines del siglo XIX sale al escenario mundial, obtiene presencia permanente en el Caribe con Puerto Rico y la base de Guantánamo en Cuba y el control de las Filipinas en Asia durante la presidencia de Mckinley, política proseguida por su sucesor Theodore Roosevelt quien encara la construcción de una gran flota de guerra y la creación de la república de Panamá para construir y controlar el canal que une al Atlántico con el Pacífico evitando la ruta larga por el estrecho de Magallanes o el canal de Beagle.

La participación de los Estados Unidos en 1917 en la primera guerra, además de decidir la victoria aliada, llevó al presidente de los Estados Unidos, el demócrata Woodrow Wilson, a involucrarse personalmente en la conferencia de Versalles donde se trataron las condiciones de la paz y su propuesta de crear una Liga de las Naciones para preservar la paz futura. Wilson no pudo lograr que su propuesta fuera aceptada en el senado estadounidense debido a la resistencia republicana liderada por Henry Cabot Lodge. La elección de gobiernos republicanos por tres períodos consecutivos consolidó el aislacionismo y su repliegue a actuar como tutor de los países caribeños y de América Central y la búsqueda de una organización panamericana conducida desde Washington.

Carlos Escudé en su libro “Gran Bretaña, Estados Unidos y la Declinación Argentina, 1942 – 1947” explica los roces entre el gobierno argentino y Washington en que el Departamento de Estado aun no asumía su rol de superpotencia y actuaba como potencia hemisférica intolerante ante la política exterior independiente de nuestro país.

La elección de Eisenhower, quien tuviera como último destino militar ser el primer comandante de la OTAN, significó hasta la llegada de Trump al gobierno, una política exterior de consenso bipartidista, con los matices propios de cualquier cambio de gobierno y las nuevas realidades como lo fue la caída de la URSS y la pérdida del control de Europa Oriental por parte de Rusia y de fuertes vínculos con los países con los valores de la democracia liberal.

Hoy a pesar de algunas acciones como el reciente bombardeo en Nigeria, parece, que los Estados Unidos se repliega a un rol de potencia hemisférica.

En ese gobierno priva el amateurismo y los Cabot Lodge han sido reemplazados por personas sin preparación, incluso como el caso de vicepresidente Vance por los White Trush como observamos en los vínculos con Europa y el respaldo a los populismos neofascistas que también son apoyados desde Moscú y que buscan erosionar la integración europea y un secretario de Estado de origen cubano que reduce su interés al Caribe.

Como un revival de las primeras décadas del siglo pasado cuando se le enrostraba al gobierno estadounidense el apoyo a ciertos dictadores de repúblicas “bananeras” y replicaban si es un hijo de puta pero es “nuestro hijo de puta”, hemos observado el indulto al ex presidente Hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 a cuarenta y cinco años de prisión por sus vínculos con jefes del narcotráfico, entre ellos el Chapo Guzmán mientras se hunden lanchas en el Caribe se supuestos narcos; ahora dirán ¿es un narco pero nuestro narco?.

El año finaliza y tal vez sea recordado como el final del orden establecido al finalizar la guerra mundial en 1945. Reglas que terminaban con los reclamos territoriales, promovieron la descolonización, el multilateralismo, la cooperación internacional, la integración y el libre comercio. Países como la Argentina necesitan del multilateralismo para preservar sus intereses, su integridad, su independencia. En el gobierno no está claro si se lo entiende cuando vemos que el presidente regala libros reñidos con los valores de la civilización judeo cristiana y los aportes grecorromanos, que son nuestras raíces. Preocupante.

* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.

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