Algo huele mal y no es Dinamarca: la basura nos está ganando la pulseada. Avanza más rápido que la ola libertaria y deja su impronta en cada rincón. El reciente encuentro Patagonia sin basura, realizado en Bariloche, es una señal clara de que el tema ya está (era hora) en la agenda de políticos, empresarios, educadores y ambientalistas. Y no es para menos: en Argentina se generan más de 12 millones de toneladas de residuos por año, lo que equivale a 1,15 kilos por persona, cada día. Qué hacemos con todo eso es la pregunta que hoy motoriza debates y acciones concretas.
La respuesta nunca es sencilla. Mientras algunos municipios actúan, otros ni siquiera consideran la basura como un problema ambiental. Hoy existen más de 600 basurales a cielo abierto y 6.000 microbasurales en el país. En Mendoza, por caso, Guaymallén cerró en junio el histórico basural de Puente de Hierro, una medida que transformó un foco de contaminación en un espacio para nuevos barrios y pulmones verdes. Como bonus, más de 30 familias que vivían del basural se integraron a cooperativas de reciclaje, logrando un impacto social positivo.
En el plano legal, la Ley Provincial 5.970 fue reemplazada por una nueva: la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU). Esta norma tiene como meta eliminar los basurales y promover una economía circular, con acciones como separación en origen, inclusión social de recuperadores, trazabilidad digital y un fondo provincial para financiar proyectos. Muy bonito en teoría, pero ahora hay que trabajar para hacerlo tan real como esa acequia tapada de bolsas y mugre variopinta.
Pero ninguna ley, se sabe, servirá si la sociedad no cambia su actitud. Casi la mitad de los argentinos no separa los residuos, y esa inacción pesa. Hiede. Como versión superadora de ese status quo surge el concepto Basura Cero, una estrategia global que apunta a reducir al máximo la generación de desechos, imitando a la naturaleza donde no existe el concepto de basura. Sus principios se resumen en las 5R: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar.
El flamante Programa de Compromiso Ambiental Educativo, un programa creado para integrar la acción climática y el cuidado del medio ambiente en el sistema escolar provincial, busca sembrar el cambio desde la base; léase separar residuos en origen, respetar los días de recolección, denunciar basurales ilegales y participar en campañas de concientización. Porque el futuro limpio empieza por casa.
Y no se trata solo de un problema estético: los residuos mal gestionados contaminan suelos, ríos y napas, afectan la salud pública y generan emisiones que agravan el cambio climático. Cada bolsa que tiramos sin pensar tiene su costo ambiental y económico. La pregunta es si estamos dispuestos a asumir nuestra parte y pasar de la queja a la acción. Porque la basura no espera, y el tiempo para reaccionar se está agotando.
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Para calentarse. Desde el 10 de noviembre, representantes de más de 100 países se reúnen en Brasil para ser parte de la cumbre climática COP30. Según las Naciones Unidas se trata de un hito para que los países avancen en la aplicación de medidas contra el calentamiento global. Mientras, en Argentina su mandamás político opina que el cambio climático no es un ciclo natural, aunque el aumento de la temperatura en el último siglo sea récord. El 2024 fue oficialmente el año más cálido desde 1850, con una temperatura media mundial de 1,6°C por encima del nivel preindustrial. No obstante, Javier Milei desafía: "Primero los datos. Yo trabajo sobre los datos. De hecho, yo no hago política desde la emocionalidad".
De cisnes y buitres. “La Argentina es un país que porque juega muy al límite y porque está muy al límite, cualquier noticia, cualquier evento, o sea, los cisnes negros en la Argentina abundan y los cisnes negros en la Argentina no son tan negros tampoco. Con un simple cisnecito un poco gris ya hay turbulencia en el mercado”. Textual de Javier Timerman, titular de Adcap Grupo Financiero, en Canal E.
Los otros monstruos. El director de cine, Guillermo del Toro, hoy está en boca de todos por su renovada versión de Frankenstein, el clásico de Mary Shelley. Por eso que el mexicano opine acerca de monstruos y política amerita prestar atención. Para el director de La forma del agua, "Los verdaderos doctores Frankenstein son los políticos tiranos y los tech bros de Silicon Valley”. Como quien dice, la clavó en el ángulo.
Se picó. Es necesario promover el uso de un lenguaje justo y responsable de la palabra cáncer. Es urgente abandonar su uso como metáfora o sinónimo de insulto o descalificación. No es ético utilizar enfermedades para insultar o desprestigiar al adversario político. Este fue el planteo del PSOE en la Cámara de Diputados. Y el escritor Arturo Pérez-Reverte que se caracteriza por no andar con sutilezas les respondió en su cuenta de X: "Por una vez (sin que sirva de precedente, y me disculpo de antemano por ello), permítanme ser grosero: Me va a regular el uso de las palabras su puta madre".
Maridaje de la semana. Camino a su fiesta vendimial número 90, el tributo a sus icónicas representantes no se anduvo con chiquitas. Godoy Cruz hizo punta al nombrar como Delia Larrive Escudero a la plaza de Belgrano y Lisandro de la Torre, en homenaje a la primera Reina Nacional de la Vendimia, coronada en 1936.
* El autor es periodista. [email protected]