Aunque ya pasó el 8 de marzo, siempre es propicio volver a preguntarnos por qué es necesario que exista un día de las mujeres. Para algunas personas, esta conmemoración parece algo del pasado. De cuando las mujeres mayores de edad no podían votar (Ley 13.100/1947), no tenían autonomía financiera ni bancaria y necesitaban autorización del cónyuge (Ley 17.711/1968), no ejercían la patria potestad sobre sus hijos (Ley 23.264/1987), no accedían a métodos anticonceptivos a través del sistema de salud (Ley 25673/2002).
Es decir que, a pesar de los cambios legales –línea del tiempo elaborada para ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia de Género)[1]- las desigualades siguen siendo parte de la vida cotidiana.
A modo de ejemplo: Según datos del SNIC[2] y el Registro Nacional de Femicidios de la CSJN (2025)[3], el 65% de las mujeres son asesinadas en su domicilio particular. En el 70% de los casos de víctimas mujeres el agresor pertenece al círculo íntimo o es conocido (pareja/ex pareja 40,4%, familiar 19,9% u otra relación 9,9%), frente a un 30% en los varones (pareja/ex pareja 3%, familiar 9% u otra relación 18,2%). En casos sin relación previa, la cifra es del 30,6% para varones y 11,5% para mujeres.
El informe 8M 2026 en Perspectiva Económica (CEPA)[4] y el INDEC[5] indican que, aunque el 30,2% de las mujeres completó estudios superiores frente al 19,9% de los varones, existe una brecha de 17,5 puntos en las tasas de actividad (70,1% varones vs. 52,6% mujeres). El desempleo femenino se ubica entre el 7,4% y 7,6%, la informalidad en un 38% y la subocupación horaria es 4,9 puntos mayor que en los varones, quienes ganan en promedio entre un 27,3% y un 29% más (brecha que sube al 44% en el sector informal). Las mujeres representan el 64,2% de los menores ingresos y el 4,6% de los cargos jerárquicos, dedicando el doble de tiempo diario a tareas de cuidado no remuneradas.
Finalmente, Amnistía Internacional (2026)[6] reporta que entre 2023 y 2024 la distribución de insumos anticonceptivos cayó un 81%, se desfinanció el Plan de prevención de embarazo no intencional en la adolescencia y la razón de mortalidad materna aumentó un 37% respecto de 2023, en un contexto donde la sífilis alcanzó récords históricos tras la falta de distribución de preservativos por parte del Estado Nacional durante 2025.
Las relaciones y estructuras sociales que dan formas a las inequidades entre mujeres y varones se transforman de generación en generación, adoptan nuevas formas, a veces más sutiles, más difíciles de identificar, pero igualmente eficaces en la producción y reproducción de jerarquías de género. Por ejemplo, las adolescentes y jóvenes sufren un tipo de violencia que nosotras no conocimos: la violencia sexual digital o a través de la IA. De acuerdo con el informe de la Unesco[7], un análisis de más de 14.000 vídeos deepfakes reveló que el 96% contenía contenido íntimo no consensuado. Asimismo, del contenido examinado en los cinco principales sitios web de pornografía deepfake, el 100% de los casos involucraba a mujeres-.
Se observa actualmente una reacción de sectores que perciben estos avances como una amenaza; sin embargo, los datos confirman que no hay una pérdida de derechos, sino una reconfiguración de expectativas. Que una mujer acceda a un cargo jerárquico o que algunos varones se involucren en el cuidado no altera el hecho estadístico de que estas estructuras siguen mayoritariamente masculinizadas o feminizadas, respectivamente. Del mismo modo, emergen nuevas problemáticas como la violencia sexual digital o mediante IA, que exigen marcos de análisis actualizados.
Los estudios de género funcionan como una herramienta para identificar estas relaciones de poder en la estructura económica y social. Este campo aporta metodologías para diseñar políticas públicas basadas en diagnósticos reales, vinculando la investigación académica con experiencias históricamente omitidas.
Nombrar las desigualdades o garantizar derechos no pone en riesgo a la sociedad; las amenazas reales residen en la profundización de la pobreza, la guerra o la hiperconcentración de la riqueza en unos pocos. En contextos donde surgen discursos que buscan deslegitimar a sectores vulnerabilizados, como las mujeres, fortalecer los estudios de género resulta fundamental. No solo permiten comprender la complejidad del mundo actual, sino que constituyen un recurso estratégico para profundizar la democracia y avanzar hacia una sociedad más justa.
[1] 40 años de democracia, 40 años de lucha feminista | ELA - Promoviendo derechos para la igualdad de género
[2] SNIC - Estadísticas Criminales: https://www.argentina.gob.ar/seguridad/estadisticascriminales
[3] Corte Suprema de Justicia - Registro de Femicidios: https://www.csjn.gov.ar/om/femicidios
[4] CEPA - Informes de Economía y Género: https://centrocepa.com.ar/
[5] INDEC - Informes de Ingresos y Mercado de Trabajo: https://www.indec.gob.ar/
[6] Amnistía Internacional - Informe Salud Reproductiva: https://amnistia.org.ar/ (https://amnistia.org.ar/storage/uploads/8f911b73-0fed-460b-86af-749dd23fb8e0/Tambien-es-por-vos-Digital-(2).pdf)
[7] Unesco: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000392181
* La autora es miembro del grupo de trabajo estudios de Género y Teoría Crítica. Incihusa-Conicet.