La decisión económica más relevante de la última semana no fue un dato de coyuntura, sino un anuncio con vocación estructural. A través de un decreto, se eliminó las retenciones a las exportaciones de cerca de mil productos industriales, mediante tres esquemas diferenciados que van desde la exención inmediata hasta un cronograma de reducción gradual que se completa en junio de 2027. La medida busca mejorar la competitividad de un sector que viene sufriendo el impacto de la apertura y del tipo de cambio apreciado, y su timing resulta llamativo, porque llega justo cuando los ingresos del Estado atraviesan un momento de fuerte debilidad.
Ese contraste es lo que vuelve interesante el anuncio. Renunciar a recursos tributarios en un contexto de recaudación en baja es una señal política clara sobre las prioridades oficiales, que parecen inclinarse por sostener el proceso de apertura y desgravación aun a costa de resignar ingresos en el corto plazo. La apuesta es que una industria más competitiva y menos gravada termine, con el tiempo, ampliando la base productiva y compensando por la vía del crecimiento lo que hoy se resigna por la vía impositiva.
Los números de la recaudación ayudan a dimensionar el desafío que esa apuesta enfrenta. Los ingresos tributarios de junio mostraron una caída real interanual del 7,6%, revirtiendo el repunte que habían registrado en mayo, y en el acumulado del primer semestre arrastran una baja real del 5,4%. El detalle por tributo es revelador del momento que atraviesa la economía. Entre los impuestos ligados a la actividad interna, el IVA impositivo cayó un 4,3% real en la comparación anual, una señal elocuente de que el consumo todavía no recupera plenamente. El impuesto al cheque retrocedió un 0,5% y las contribuciones patronales cedieron un 2,9%, con lo que el promedio de estos tres tributos vinculados al pulso de la economía fue negativo en un 2,5% real.
El derrumbe más pronunciado, sin embargo, se dio en los derechos de exportación, que se desplomaron casi un 28% en términos nominales, lo que equivale a una caída real superior al 45%. Ese retroceso responde tanto a la reducción de las retenciones como a una elevada base de comparación respecto del año anterior. En la vereda opuesta, uno de los pocos tributos que avanzó con fuerza fue el impuesto a los combustibles, que creció un 70% nominal, equivalente a un 27% en términos reales, reflejo del reacomodamiento de los precios del sector.
El panorama de la actividad económica agrega matices a este cuadro. El estimador mensual de actividad retrocedió un 1,5% en abril respecto de marzo, en la medición desestacionalizada, después del fuerte repunte que había mostrado el mes anterior. En la comparación interanual, la actividad creció un 1,6%, y en el acumulado de los primeros cuatro meses avanzó un 2,1%. Con estos números, la proyección de crecimiento para el conjunto de 2026 se mantiene en torno al 2,5%, sostenida por un arrastre estadístico favorable.
Lo más significativo de ese dato no es el promedio, sino su composición profundamente heterogénea, que confirma el patrón de dos economías que conviven dentro de la misma coyuntura. La expansión estuvo traccionada por la minería, que creció un 17,1% interanual, y por el agro, que avanzó un 10,9%, los dos sectores ligados a los recursos naturales que vienen liderando la recuperación. En el extremo opuesto, la industria cayó un 2,9% y el comercio un 3,2%, es decir, justamente los sectores más vinculados al mercado interno y al consumo de las familias. La foto es nítida, ya que crece lo que se exporta y se contrae lo que depende de la demanda doméstica.
Otros indicadores sectoriales de junio reforzaron esa lectura de claroscuros. Los patentamientos de autos nuevos crecieron un 13% en la comparación mensual desestacionalizada, aunque en términos interanuales cayeron un 12,8% y acumulan un retroceso del 10,3% en el semestre. En las motos, en cambio, la dinámica fue mucho más vigorosa, con un alza del 11% mensual y del 42,3% interanual, y un acumulado semestral cercano al 43%. Ese contraste entre autos y motos suele leerse como un reflejo de la recomposición del consumo en los segmentos de menores ingresos, que encuentran en la moto un vehículo más accesible.
En el frente de las reservas, la semana dejó una buena noticia. El Banco Central cerró el viernes con reservas brutas por 48.237 millones de dólares, lo que implicó un aumento de 1.155 millones respecto de la semana anterior. Esa recomposición refuerza la posición de la autoridad monetaria en un contexto en el que la acumulación de divisas sigue siendo una de las prioridades centrales del programa económico, de cara a los compromisos de deuda que se avecinan.
El contexto internacional también aportó su cuota de novedades, con un dato laboral que movió las expectativas sobre la política monetaria estadounidense. La economía de los Estados Unidos creó apenas 57.000 puestos de trabajo en junio, muy por debajo de los 110.000 que esperaba el mercado. Pese a esa debilidad, la tasa de desempleo se redujo al 4,2%, y los ingresos horarios promedio aumentaron un 0,3% mensual y un 3,5% interanual, en línea con lo previsto. Tras conocerse el dato, la probabilidad implícita de una suba de tasas de la Reserva Federal en septiembre bajó del 50,7% al 46%, en una muestra de cómo cada indicador reconfigura las apuestas del mercado sobre el rumbo de las tasas.
El balance de la semana deja una imagen coherente con el dilema de fondo del programa económico. La actual administración profundiza su apuesta por la apertura y la desgravación, incluso a costa de resignar recaudación en un momento de ingresos débiles, en una decisión que privilegia la competitividad de largo plazo por sobre la caja de corto plazo. La actividad, mientras tanto, sigue creciendo de manera despareja, sostenida por los recursos naturales y con la industria y el comercio todavía rezagados. La recomposición de reservas ofrece un respaldo, y el contexto externo, con una Reserva Federal que el mercado percibe algo menos inclinada a subir tasas, brinda cierto alivio. La pregunta de siempre permanece abierta, y es si la recuperación logrará ampliarse hacia los sectores del mercado interno antes de que el desgaste de los ingresos se vuelva demasiado difícil de sostener.