viernes 27 de noviembre de 2020

Es obligatorio sentarse a pensar todos juntos en como aprovechamos los recursos que tenemos para generar cada vez más empleo / Claudio Gutierrez
Opinión

¡Alto ahí!

Mendoza está dormida, hace décadas. Y eso le duele al empleo, le duele al laburante. Parece no dolerle al que le va bien. Eventuales épocas de dólar alto han dado la sensación de crecimiento, pero no, era solamente dólar alto. La imaginación, la creatividad, el agregado de valor parecen materia de otras regiones. Acá da la sensación de que no nos importa.

  • viernes, 10 de julio de 2020
Es obligatorio sentarse a pensar todos juntos en como aprovechamos los recursos que tenemos para generar cada vez más empleo / Claudio Gutierrez

Como en aquel juego que nos entretenía en la infancia, la pandemia nos congeló en este lugar y mucho más lentamente de lo que haría falta, los mendocinos empezamos a reconocer la decadencia económica y productiva que atravesamos hace ya demasiado tiempo.

Un gran tema es el imparable crecimiento del sector público, que pasó de representar el 10% del PBG provincial hace 20 años al actual 24%. Uno reconoce que en los 90 había una gran deuda social, que luego del 2001 se empezó a cubrir. Que se ampliaron derechos y que todo eso necesitó de más recursos públicos. Usted puede estar a favor o en contra, lo cierto es que hace poco más de dos décadas, a 90 pesos de valor producido se cargaban otros 10 para financiar al sector público, mientras que ahora por cada 75 pesos de producción se tienen que pagar otros 25 para financiar al Estado. No es cuestión de ideología, es que la cuenta no da. En una góndola mundial, más que las empresas compiten los sistemas productivos. Los productos locales, la mayoría competitivos en calidad y costos hasta la puerta del establecimiento, dejan de serlo y pierden la batalla cuando se le agrega el resto de los componentes que forman su precio. Por ende se vende menos. Hay menos empleo, menos riqueza, y menos recaudación fiscal. Un círculo vicioso que nos está matando de a poco.

No se pretende que el Estado se achique porque sí, despida gente a tontas y locas o deje librado a su suerte a los más débiles, sino que cada peso recaudado como impuesto se justifique absolutamente. Que pague educación, justicia, seguridad y el resto de las tareas indelegables del sector público, pero sin esconder lo injustificable. No es una tarea sólo de funcionarios y legisladores, también de empresarios que se relacionan con el Estado, de gremios estatales y sus estatutos, de todo destinatario de los recursos de todos. De encarar discusiones profundas en cada área para determinar lo que se necesita. Y ni un peso más.

Lo segundo es lo poco que hace Mendoza por generar valor agregado, que sume ingresos y empleos calificados a la Provincia. Veamos sólo dos o tres ejemplos de los muchos que hay.

Producimos alimentos de muy alta calidad, pero sólo los exportamos en cajas de 10 ó 20 kilos, dejando en destino el valor agregado más importante. Es tan alta la carga impositiva actual que el Estado (local y nacional) pueden hacer viable cualquier cuenta, reduciendo los impuestos y cargas a aquellos que exporten por ejemplo ajos, duraznos o peras en envases ya para consumidores finales. Sin dudas se generarían miles de empleos y se posicionaría a Mendoza como una región productora de alimentos de alta calidad y valor agregado. ¿Cuál sería el impacto fiscal? Estudiémoslo todo lo que quieran, pero les aseguro que el Estado va a recaudar mucho más en una sociedad que tenga más empleos y más consumo.

Nuestra industria madre: el 75% del consumo en el mercado interno es lo que se envasa en tetra brick y damajuana, y cuyo consumo cae hace más de 30 años, acorde al cambio de los patrones de consumo de la sociedad. El propio sector ha hecho importantes estudios de donde surgen las causas de esa caída: el alcohol (alto), el gusto (amargo), la comunicación, el posicionamiento… no es mi opinión sino lo que dicen miles de personas encuestadas. Salvo casos muy aislados y que no mueven la aguja del volumen total, el producto sigue siendo el mismo de siempre, sus características se mantienen, la comunicación prácticamente no cambió. Cae la superficie cultivada, la cantidad de productores, la cantidad de bodegas, los salarios… mientras tanto seguimos haciendo de cuenta que nada pasa.

En vinos de mayor precio la situación no es muy distinta. Una bodega vende un vino de 100 pesos que el consumidor pagará entre 250 a 300, reduciendo las cantidades consumidas. El resto quedará en impuestos, logística y en el sector comercial, fuera de la Provincia. La bodega apenas sostendrá una situación muy complicada sin poder invertir, y seguirá de rodillas frente al eslabón comercial.  ¿Y la tecnología para desarrollar nuevos canales de comercialización? ¿Y la asociatividad entre pares para adelantarse en la cadena comercial? ¿Y los jóvenes y “tecnólogos” participando más activamente en la comunicación? ¿Para ganar más poder frente al consumidor? Parece que estamos en otra cosa.

Un tema final, si bien hay muchos más. Nos hemos dado el lujo de enterrar la discusión por el desarrollo de la minería en Mendoza. Hablo de “la discusión por el desarrollo” y ni siquiera del desarrollo concreto. Cientos de profesionales y académicos, muchos formados con recursos públicos en prestigiosas casas de estudio, se han quedado con las ganas de aportar sus conocimientos para analizar en profundidad ventajas y desventajas del desarrollo minero, las condiciones para llevarlo adelante, controlarlo y generar mecanismos de distribución equitativos de ingresos y de regalías, que posibiliten concretar la modernización de infraestructura que Mendoza necesita, y que si no vienen de allí no sé de donde vendrían. Pero no, otra vez no. La posibilidad de un desarrollo productivo, económico y social se dirime entre minorías, en las calles y a los gritos. No importa nada más. La dirigencia política respeta ese escenario. Los demás seguimos esperando.

Si usted cree que contamina, que malgasta el recurso hídrico, deje trabajar a los expertos y súmese a ellos para llegar a una conclusión seria y objetiva. Si piensa que el Estado no controla bien, proponga nuevos mecanismos. ¿Es un modelo extractivista, saqueante? Esperamos sus propuestas para un desarrollo local y nacional acorde a la potencialidad de los recursos existentes. No haga la cómoda, no nos podemos dar ese lujo como sociedad. Trabaje en las soluciones, estudie lo suficiente, proponga lo que le parezca adecuado.

Tengo la suerte de trabajar en la economía creativa, que es casi una isla en el contexto general. Que es pequeño aún pero crece rápidamente, de la mano de jóvenes y otros no tanto que no tienen otra que innovar, enfrentar los cambios, superarse cada día de sus vidas. Sabemos por esa experiencia que lo dicho anteriormente es posible.

Mendoza está dormida, hace décadas. Y eso le duele al empleo, le duele al laburante. Parece no dolerle al que le va bien. Eventuales épocas de dólar alto han dado la sensación de crecimiento, pero no, era solamente dólar alto. La imaginación, la creatividad, el agregado de valor parecen materia de otras regiones. Acá da la sensación de que no nos importa.

El coronavirus llegó de repente. Y nos encuentra acá, en esta complicada situación. Desperdiciando talento, tirando de la cincha, disfrutando del show de la sábana corta.

Ya no es sólo cómo salir de esta situación circunstancial y durísima del parate de la pandemia. Es obligatorio sentarse a pensar todos juntos en como aprovechamos los recursos que tenemos para generar cada vez más empleo. Ojalá suene el despertador y los que les toca resolver estén a la altura de las circunstancias.

*el autor es Licenciado en Ciencias Económicas - Extitular de Pro Mendoza.


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