18 de mayo de 2013 - 22:29

De observador de la crisis a líder árabe cuestionado

El 3 de julio de 2010, mientras la Selección argentina de fútbol enfrentaba a Alemania en el Mundial de Sudáfrica, Bashar al Assad visitaba la Argentina. Pasaron tres años de aquel viaje a Buenos Aires, y en muchos gestos, en el modo de expresarse y en la dureza de su discurso, también se le nota el paso del tiempo al presidente sirio.

En aquella ocasión, Al Assad analizaba la crisis de la región y decía que la búsqueda de acuerdos era un elemento central de la misma. Hoy la padece y escucha que no sólo las potencias occidentales sino también la Liga Árabe, de la que su país es miembro fundador, cuestionan fuertemente su liderazgo.

Eligió un camino y parece mucho más cercano a su formación como militar que a su rol de presidente: "No hacemos autocrítica a mitad de camino"; "¿quién contó los muertos que dicen que hay"?; y "la represión no fue desmedida, estuvo a la altura de los ataques", son tan sólo algunos ejemplos de su actual discurso.

Avala y apuesta por la negociación, pero es inflexible en las condiciones que enumera.

¿Cómo cree que lo recordará la historia? "Como alguien que luchó por su Patria contra elementos extranjeros que no respetaban su soberanía", responde firme y convencido. Con mucho, seguramente, de razón. Pero dejando morir en el aire los reclamos de una mayor libertad, tan reales como las bombas y disparos que a toda hora encienden y surcan el cielo de la ciudad.

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