21 de abril de 2015 - 00:00

Obras en el embalse El Carrizal

Para modificar una obra de ingeniería se debe conocer muy bien el proyecto original, estudiado y planificado por sus autores. Más, se debe tener en cuenta que esa obra ha funcionado correctamente por más de treinta y cuatro años.

Soy un mendocino que por haber trabajado toda mi vida en tareas relacionadas con el agua en Mendoza, conozco y valoro el tema al que dediqué mis sueños y desvelos. Estoy al tanto y conozco lo ocurrido especialmente en las cuencas del río Tunuyán inferior y superior que, unidas por la presa El Carrizal forman una unidad de riego estructurada por la totalidad de canales que forman la red de riego de todo el Tunuyán.

El dique El Carrizal es el primer embalse “propiamente de riego de nuestro país”,  las obras estructurales de embalses y defensas nacidos con anterioridad fueron con fines de producción hidroeléctrica y de defensa aluvional de zonas pobladas o de obras varias. El riego nació de la necesidad de proveer agua a las poblaciones nacientes y se realizó desde canales primigenios (construidos por el hombre) ante la prioridad absoluta de  las poblaciones que se formaban en las primeras épocas, cuya existencia según nos dice nuestro historiador Don Juan Draghi Lucero que:

“Las obras de riego vinieron en la memoria de los soldados españoles que habían visto las acequias de riego, en los huertos de Granada y visto también las obras de distribución de aguas que en España dejó el Imperio Romano”.

La palabra acequia, viene de la lengua árabe y todavía hoy se escucha en boca de viejos agricultores que limpian, mantienen y cuidan sus “xequias de riego”.

Ya que nos dice el mismo Draghi Lucero, que “no hay antecedentes fehacientes de existencia de obras de riego anteriores a la llegada de los españoles en esta zona”. Los pueblos originales acá, cultivaban con el avance y retroceso de las aguas en terrenos inundables  y el mismo Draghi Lucero “compara esta técnica utilizada en los primeros tiempos, con los cultivos ancestrales de los antiguos egipcios en “las fluctuaciones de las aguas del Nilo”.

Las tomas de agua de los ríos las hicieron los primeros mendocinos. Actas del Cabildo de Mendoza hablan de esa gesta maravillosamente creativa de nuestros abuelos que, casi sin herramientas y sin madera por la inexistencia de árboles, se ingeniaron para hacer las primeras tomas que ponían agua en las primeras acequias mendocinas.

El Carrizal es  un dique nacido para riego, programado con ese fin y su obra en parte fue subvencionada con el aporte de usuarios de riego inscriptos y empadronados como regantes de la zona del alto Tunuyán y los regantes empadronados e inscriptos como usuarios del Tunuyán inferior.  Es válido sentir un profundo respeto por lo que se ha realizado con tanto esfuerzo, para hacer habitable un desierto inhóspito en el que naturalmente sólo podían vivir  la dura vegetación xerófila originaria del desierto en estas tierras paupérrimas.

Los estudios realizados hablan que los huarpes eran fundamentalmente recolectores y que bajaron de las montañas ubicándose en los humedales donde había flora y fauna que les proveían alimentos que ellos recolectaban y haciendo una agricultura muy primitiva. Sembrando cuando el agua de las crecidas se retiraba (ver Cartas y Documentos Coloniales de Mendoza. Juan Draghi Lucero).

El paisaje que vieron los pueblos originarios y los españoles que llegaron a estas tierras fue el desierto con vegetales capaces de soportar el clima desértico que tiene el mismo comportamiento que conocemos los que entendemos por haber estudiado y trabajado para crear lo que hoy nos enorgullece: oasis artificiales nacidos del esfuerzo de nuestros ancestros y con la participación activa de personas que dedicaron sus vidas para crear esta maravilla.

Leo en Los Andes del 04 de abril que nuevamente renace una iniciativa que responde a un impulso visceral que ya había sido presentado y discutido durante la gestión del superintendente Carlos Abihaggle hace ya muchos años. El objetivo de aquel proyecto era “Ampliar la capacidad de embalsar agua en el dique El Carrizal” a través de una obra que se basaba en modificar el vertedero del mismo, de manera tal que con una obra de hormigón se elevara el nivel de la cota del vertedero del embalse en una cifra mayor a un metro por encima de la cota máxima programada al diseñarlo.

Reitero con énfasis lo dicho; para modificar una obra de ingeniería se debe conocer muy bien el proyecto original que fue debidamente estudiado por lo autores del mismo. Esta obra ha funcionado correctamente por más de cuarenta y cuatro años. A ese conocimiento básico, deben  agregarse los antecedentes y sucesos que vivió la obra en sus largos años de servicio. Esa información puede señalar fallas o desgaste que debe ser evaluado.

Los antecedentes técnicos están en la Dirección de Hidráulica y en el Departamento General de Irrigación. Seguramente aún viven ingenieros que participaron de la obra quienes deben ser consultados, como vale que se consulte a quienes hemos trabajado en las cuencas beneficiadas por el embalse El Carrizal.

Destaco lo ocurrido cuando se superó la cota de llenado del dique durante un evento que registró los mayores caudales de deshielo registrados hasta hoy. Ese hasta hoy máximo maximorun produjo la mayor inundación, que no pudo ser controlada. Consecuencia de la profusa nevada que cayó en mayo de l982 de la que surgió un deshielo que se transformó en inmanejable, pues aunque tratamos de anticiparnos a ese deshielo extraordinario desembalsando durante la primavera de 1982, los volúmenes da agua que dio la cuenca produjeron inundaciones y roturas que fueron inevitables haciendo famosos esa primavera del ’82 y verano del ’83.

Los antecedentes de ese momento están en la información registrada en Irrigación y en los diarios de la época por lo que no voy a abundar en detalles; quiero centrar mi atención comentando lo que ocurrió en el momento en que no podíamos controlar el agua embalsada en la presa y que superó la cota del vertedero en diciembre del ’82, primeros días de  enero del ’83.

El personal técnico de la Subdelegación estaba formado por personal de planta que se desempeñaba a cargo de las tareas de manejo y solución de los problemas. Con un subdelegado que llegó en esos días: el Ing. Agrónomo Carlos Forréis, quien se unió al personal técnico formado por el jefe del Departamento Operación a cargo de lo relativo a Gestión  Hídrica: el Ing. Agrónomo Mario César Morón y el jefe del Departamento Obras de la Subdelegación, Ing. civil Víctor Hugo Lucas, técnicos que contaban con la colaboración de Jesús E. Pedernera, un obrero destacado por su tenacidad y respeto por el trabajo. Todas estas personas viven y pueden dar fe de lo que manifiesto.

Pocos días después que el agua vertiera superando la cota del vertedero, al revisar la base norte del murallón, observamos que salía agua, porque se escuchaba un tenue ruido que produce el agua al caer entre las rocas. Eso es lo que nos llevó a pensar que el agua que escuchábamos fluir  era consecuencia de pérdidas que podrían producir el derrumbe del dique. El agua que se filtraba desde el murallón apareció en la base del mismo formando un arroyito. Inmediatamente nos comunicamos con el personal de Hidráulica para darle intervención ya que ellos tenían a su cargo los elementos de control de la estructura del murallón.  Ellos leían freatímetros, piezómetros y sismógrafos.

La gente de Hidráulica se hizo presente e inmediatamente determinó que había una posibilidad de que el agua hubiera superado el núcleo impermeable y, para reforzar esa posible falla de permeabilidad, se dispuso buscar arcilla que se derramó sobre el pedraplen sur del dique en una tarea que nos llenaba de dudas y de temor pues el agua al moverse arrastra materiales pudiendo colapsar la obra toda, como ha ocurrido en otras que colapsaron en el mundo.

Esta tarea se realizó hasta que logramos bajar la cota del embalse sacando el agua que podíamos por las válvulas de chorro hueco y por las máquinas de la usina hidroeléctrica abiertas al máximo. Al disminuir el aporte de la cuenca pudimos bajar la cota y el agua que detectábamos salía cesó de fluir, lo que nos llenó de tranquilidad.

Lo vivido fue una situación inolvidable. Tuvimos temor de que esa pequeña pérdida se transformara en un caudal creciente que terminara en un boquete que llevara a colapsar el murallón afectando gravemente a las poblaciones que se ubican aguas abajo: (Medrano conectada por la Cañada del Moyano con San Martín y las zonas de Junín y Rivadavia, que se encuentran en cursos naturales por donde antaño caminó el río bajo las aguas, como hemos podido ver en momentos de producirse aluviones a causa de grandes y violentas precipitaciones.

Los técnicos que actuamos y trabajamos muchos años en nuestros puestos a cargo del manejo del agua, de problemas de roturas de obras y con conocimiento de lo que ocurre, no tendremos inconvenientes para acudir y corroborar lo acá dicho, si se estima valiosa la experiencia de personas que hemos estado al frente de los departamentos de riego y de obras de la Subdelegación de Aguas del Río Tunuyán que abastece a los departamentos de Rivadavia, Junín, San Martín Santa Rosa y La Paz.

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