6 de julio de 2013 - 22:53

Un Nobel de la Paz sería el primer ministro de Egipto

El presidente designado por la junta militar tras el golpe, Adly Mansur, ofreció el cargo al ex jefe de la AIEA Mohamed El Baradei. Más choques entre musulmanes y oficialistas.

El presidente egipcio afirmó anoche que Mohamed El Baradei aún no había sido nombrado primer ministro, después de que varias fuentes oficiales informaran de que el ex jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) había sido designado para ocupar el cargo.

"El presidente interino Adly Mansur se reunió hoy (por ayer) con El Baradei pero no hubo hasta ahora nombramiento oficial", declaró a la prensa el consejero de Mansur, Ahmad Al Muslimani.

No obstante, Al Muslimani añadió que El Baradei es la "opción más lógica" entre la lista de nombres que se barajan desde el derrocamiento militar el pasado miércoles del presidente islamista Mohamed Mursi.

Entre tanto, los islamistas se movilizaron ayer en una nueva demostración de fuerza frente al ejército que derrocó al jefe del Estado.

Diferentes grupos que apoyaron la hoja de ruta militar para una transición política estaban llevando a cabo negociaciones con los dirigentes del partido salafista al Nour para intentar convencerlos de apoyar la elección de El Baradei para encabezar un gobierno de transición.

El movimiento Tamarod, que organizó las manifestaciones masivas contra Mursi que culminaron en su derrocamiento, anunció la designación de El Baradei tras conversar con el nuevo presidente interino de Egipto. "El presidente interino Adly Mansur encargó a Mohamed El Baradei formar un nuevo gobierno", confirmó la agencia oficial Mena poco después. También la televisión estatal anunció el nombramiento.

En un ambiente de fuerte tensión marcado por la violencia que dejó 37 muertos en 24 horas, El Baradei, ex jefe de Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), se aprestaba a jurar su cargo apenas confirmaran el nombramiento.

El país se encuentra profundamente dividido y vive desde hace varios días manifestaciones de los partidarios de Mursi, el primer presidente democráticamente elegido en Egipto, y de sus detractores. El ejército se desplegó para tratar de evitar nuevos enfrentamientos.

Miles de partidarios de los Hermanos Musulmanes se volvieron a reunir, sobre todo en los alrededores de una mezquita de Ciudad Nasr, un suburbio del noreste de El Cairo, que ocupan desde hace unos diez días.

La poderosa cofradía de los Hermanos Musulmanes pidió a sus partidarios que se movilicen "por millones" hasta que Mursi regrese al poder y para denunciar el "Estado policial" instaurado después del "golpe de Estado militar".

En el bando contrario, los grupos de manifestantes anti Mursi que acampan todas las noches en la plaza Tahrir permanecían allí un día antes de una nueva movilización a favor de la destitución del presidente islamista.

En este contexto de tensión, el presidente civil interino, el magistrado Adli Mansur, habló con el general Abdel Fatah al Sisi, jefe del ejército y nuevo hombre fuerte del país, que le nombró el miércoles. Mansur también se reunió con El Baradei y con representantes del grupo Tamarod (rebelión en árabe), que llama a nuevas manifestaciones hoy para apoyar el derrocamiento de Mursi.

La hoja de ruta, elaborada por el ejército, la oposición y los principales líderes religiosos tras la destitución de Mursi, prevé la formación de un gobierno interino "dotado de plenos poderes", antes de la celebración de elecciones generales en una fecha que todavía no se precisó.

Los opositores a Mursi encargaron a El Baradei su representación en la transición política.

Mohammed El Baradei, premio Nobel de la Paz en 2005 por su trabajo en el seno de la AIEA, regresó a Egipto en 2010 y apoyó activamente el levantamiento contra Mubarak en enero y febrero de 2011.

Después de derrocar al presidente islamista argumentando que no era capaz de solucionar la crisis política, el ejército y las nuevas autoridades lanzaron una campaña contra los Hermanos Musulmanes, llegados al poder tras la elección de Mursi después de haber estado prohibidos durante los 30 años del régimen de Mubarak.

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