En 1989 se cometió el error de adelantar las elecciones al mes de mayo, cuando el mandato del presidente Alfonsín, concluía el 10 de diciembre. La delicada situación económica, por el fracaso del plan austral, se incentivó con las actitudes y declaraciones irresponsables de algunos dirigentes del menemismo triunfante, como Guido Di Tella y Domingo Cavallo. El que, sufrió esas actitudes irresponsables, fue el pueblo argentino.
En el 2015, la expresidente Cristina Fernández, no quiso entregar los símbolos del mandato al presidente Macri, despreciando la voluntad popular y mostrando, también, desprecio al pueblo argentino, porque, atribuía la derrota del oficialismo a los medios. Ofendía así, la inteligencia de los votantes.
Luego de la derrota, para muchos inesperada, aunque previsible, para los que salen de los guetos en que viven, del oficialismo, vimos en las primeras declaraciones del presidente de la Nación una repetición de las actitudes de Cristina Fernández en 2015 y en Alberto Fernández lo mismo que hicieron dirigentes del menemismo en 1989 como si los problemas del pueblo argentino fueran secundarios.
Estos primeros errores de ambos protagonistas de las elecciones se mitigaron con el diálogo telefónico del miércoles pasado.
La reforma constitucional de 1994 fijó plazos electorales que evitaran, acortando, los tiempos de transición del mandato presidencial. Las Paso introducidas como reacción a la derrota de Néstor Kirchner en los legislativas de 2009 han introducido una distorsión a lo establecido en aquella reforma, al alargar los plazos entre ellas, y la fecha de finalización del mandato presidencial,
El gobierno, que limitó la reforma política a imponer, sin resultado, la boleta electrónica, no supo limitar las primarias a cuando hay disputa de candidaturas como tampoco terminó con esos sellos de goma que son verdaderas pymes de la política al servicio de los que medran en cada elección, alquilando esos sellos.
Este asunto de la postergada reforma política será un punto para la agenda futura de reformas que deben encararse.
Ahora se trata de evitar reiterar errores que lo único que logran es deteriorar el sistema e incrementar los problemas diarios de la población. Por eso se deben hacer los esfuerzos a fin de no apartarse de la Constitución y respetar el cronograma electoral que está fijado según los plazos que la misma fija.
En la situación equívoca a la que nos llevaron unas PASO inoportunas e innecesarias, al haber candidatos únicos de cada coalición, no queda otra opción que acordar un programa de emergencia para controlar las variables económicas. En ese sentido el ganador de las PASO tiene una gran responsabilidad, evitando declaraciones contradictorias y señales equívocas, algunas de las cuales parecen destinadas a su propia interna.
Los errores del gobierno están a la vista, pero la situación de incertidumbre la han incrementado declaraciones de Alberto Fernández y promesas tan incumplibles como la pobreza cero que anunciaba Macri hace cuatro años.
Evitar declaraciones como las destinadas a los líderes de Estados Unidos y Brasil no fueron atinadas como tampoco las que ha hecho sobre la deuda externa.. El que esto escribe detesta a Trump y Bolsonaro, aunque no lo diría si tuviera probabilidades de alcanzar la presidencia, porque afecta intereses vitales de la nación. En un país con tantos récords de default no se debe opinar con ligereza cuando se está tan cerca de la presidencia.
Esta turbulencia necesita, también, para ser despejada, que tengamos señales claras de que no habrá dobles comandos en el caso de triunfar el peronismo en octubre y que se alejen sospechas de convivencia con ciertos sectores del poder económico con tendencias prebendarias y reacias a la competencia.
Las dos coaliciones que han polarizado las PASO, tienen la oportunidad (sin dejar de competir en octubre, pues, de ese comicio depende no solo quien será el presidente, sino, además la composición del Congreso Nacional) de mostrar que la primera prioridad son los intereses generales del pueblo argentino. Si lo hacen será un paso para achicar la grieta y un avance en la búsqueda de formas superiores de convivencia civilizada.