19 de abril de 2015 - 00:00

Necesaria unidad de la oposición

El autor cree que la oposición tiene dos formas de organizarse para llegar al poder, pero sólo una de ellas garantiza la gobernabilidad plena.

Las dos PASO que se realizan hoy, domingo 19 de abril, en Mendoza y Santa Fe tienen lugar en los dos únicos distritos (sobre veinticuatro) en los cuales el gobernador no tiene reelección inmediata. Ello quiere decir que son las provincias en las cuales predomina una cultura política más plural y que constituyen el contra-modelo institucional de la reelección indefinida del gobernador, que se mantiene en Santa Cruz y Formosa.

Pero también estas primarias muestran dos modelos de estrategia electoral opositora diferente. En Mendoza se ve el modelo de unión amplia de la oposición: un candidato a gobernador radical apoyado por los dos candidatos presidenciales más votados de la oposición (Macri y Massa), con el apoyo del Partido Demócrata, una fuerza local con peso histórico.

Pero en Santa Fe se da en cambio un modelo de oposición fraccionada, con el socialismo y el grueso del radicalismo por un lado, y el Pro, con sectores minoritarios de la UCR y el PJ, por el otro, y sin que Massa haya asumido una presencia política en el distrito.

Con esta introducción, cabe señalar que frente a las elecciones presidenciales de 2015 la oposición reproduce hoy los mismos dos modelos.

Uno es el que planteó el Frente Renovador y el sector derrotado de la UCR en la Convención de Gualeguaychú, que postula para las Paso nacionales -que tendrán lugar en agosto- que Massa, Macri y la UCR disputen para elegir un solo candidato presidencial para competir el 25 de octubre con el oficialismo.

El otro modelo es la estrategia aprobada por la mayoría de los convencionales radicales: una alianza sólo con el Pro y la Coalición Cívica que mantenga la individualidad de las dos propuestas opositoras y que la más votada en las primarias busque polarizar de hecho en octubre frente al oficialismo.

El límite para definir las alianzas es el 10 de junio: faltan cincuenta días para esa fecha. Si se mantiene como hasta ahora el modelo de alianza opositora “chica” (Macri y Massa compitiendo desde espacios electorales diferentes), quien saque más votos de ellos en agosto apostará entonces a polarizar el voto en octubre, para después imponerse en la segunda vuelta de noviembre.

Como ejemplo -sin ser pronóstico-, si en octubre Scioli obtuviera como candidato oficialista 37% y Macri o Massa 33%, en la segunda vuelta el orden se invertiría y alguno de ellos como hipótesis ganaría con el 55% frente al 45% del oficialismo. Sería un triunfo claro del candidato opositor.

Pero el futuro presidente en este caso quedaría con una fuerza parlamentaria exigua: no alcanzaría a 50 diputados nacionales sobre 257 y no llegaría a 12 senadores nacionales sobre 72. Posiblemente la provincia de Buenos Aires quedaría bajo el control de alguna de las facciones del peronismo, sin descartar que sea la del oficialismo. Cabe recordar que la provincia elige el gobernador por simple mayoría y que no tiene segunda vuelta.

Conviene insistir con que tanto los legisladores nacionales como la provincia de Buenos Aires se definen sobre el número de octubre, es decir la primera vuelta.

La realidad es que Massa no se ha diluido por la polarización. Aunque esté en tercer lugar, lo está con la cuarta parte de los votos, los que además tienen su mayor apoyo en el Gran Buenos Aires, quizás la región electoral más débil del Pro. Su candidato ganó la intendencia de Salta el domingo 12 y en la primera elección de gobernador que se realiza el 26 en Neuquén, posiblemente gane el candidato del Movimiento Popular Neuquino, que hoy está alineado con él en el plano nacional.

Además, en una segunda vuelta entre Scioli y Macri, los votos de Massa se dividen entre ambos, lo que aumenta las posibilidades del oficialismo. Si en cambio el candidato opositor saliera de las PASO de agosto, se gestaría una coalición de hecho que no perdería votos. Es que si Macri ganara las PASO opositoras para la Presidencia, posiblemente el candidato de Massa las ganaría para gobernador.

Asimismo, en el interior habría candidatos a gobernador de la UCR, del Pro y el FR, como de hecho se está dando. Que ya en diez de las veinticuatro provincias Macri y Massa estén apoyando al mismo candidato a gobernador es una evidencia de que política e ideológicamente no están tan lejos uno de otro.

Si en cambio Massa y Macri acordaran competir en agosto para definir un solo candidato opositor entre ellos -podría cada uno de ellos llevar como candidato a Vicepresidente a un radical, como Cobos y Sanz respectivamente-, el candidato opositor seguramente sería electo con más del 50% en las PASO.

Si es así, en octubre la experiencia muestra que es más probable que ese porcentaje crezca a que baje y entonces podría imponerse en la primera vuelta en forma abrumadora: podría acercarse al 60%.

Esto implica que la lista de legisladores de la oposición obtendría cerca de dos tercios de las bancas en disputa en Diputados.

Si en este caso Macri y Massa acordaran un sistema de representación proporcional para asignar las candidaturas para Diputados en las PASO, quien gane tendría más, pero el perdedor casi otro tanto, siempre que la diferencia no fuera muy grande.

Ello implica que el perdedor, sea quien fuere, seguiría siendo necesario para mantener la coalición de gobierno, más allá de los acuerdos previos establecidos para compartir el poder en el nivel ejecutivo. Además, electoralmente se mantiene el incentivo para que el perdedor trabaje activamente en la elección de octubre, aunque pierda.

Es muy diferente la capacidad política que tiene un gobierno surgido de la oposición si su candidato se impone en la primera vuelta con más del 50% y tiene articulada una coalición poderosa, que si gana en segunda vuelta y tiene legisladores sobre sus votos de primera vuelta.

La gran cuestión de la oposición, más que ganar, es mantener la gobernabilidad una vez en el gobierno. Deberá enfrentar una agenda compleja, un mundo que económicamente no será el de la primera década de este siglo y un kirchnerismo que no oculta su intención de volver al poder en 2019. Planteado en estos términos, el fracaso del próximo gobierno es lo que podría abrir el paso al retorno del que se va.

En este marco, el marketing electoral de la oposición debería subordinarse a una estrategia política y esta a su vez generar las condiciones para la gobernabilidad futura.

Si Massa y Macri acordaran adelantar su competencia de octubre a agosto, cambiaría sustancialmente no sólo el panorama electoral de 2015, sino también la perspectiva de gobernabilidad entre ese año y 2019.

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