8 de abril de 2013 - 22:38

Murió la Dama de Hierro de Malvinas

Margaret Thatcher falleció a los 87 años, víctima de un infarto cerebral. Formó parte de la denominada “revolución conservadora” y condujo a Gran Bretaña durante la guerra contra la Argentina. Una personalidad polémica que aún divide a los británicos.

La ex primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, que declaró la guerra a la Argentina y ordenó la recuperación de las Islas Malvinas ocupadas por decisión del dictador Leopoldo Galtieri, falleció ayer a los 87 años luego de sufrir un ataque de apoplejía.

La “Dama de Hierro”, como se la conoció por su fuerte carácter, condujo el Partido Conservador británico y se desempeñó como premier entre 1979 y 1990.

“Es con gran pena que Mark y Carol Thatcher anunciaron que su madre, la baronesa Thatcher, murió en paz tras sufrir esta mañana de una apoplejía”, informó su portavoz, Lord Bell. Thatcher sufrió su primer accidente cerebrovascular en 2002 y en diciembre pasado fue sometida a una operación por un tumor en la vejiga.

“Con gran tristeza me enteré de la muerte de la señora Thatcher. Hemos perdido una gran líder, una gran primera ministra y una gran británica”, escribió Cameron en la cuenta de Downing Street, despacho y residencia oficial del jefe del Ejecutivo británico.

Thatcher se hizo conocida públicamente como “Dama de Hierro” por ser una implacable abanderada del conservadurismo político, del liberalismo económico, por su determinación al enviar la Navy a las Malvinas para combatir contra las tropas argentinas en 1982 y por su intransigencia ante el nacionalismo del IRA en Irlanda del Norte.

El palacio de Buckingham, en un comunicado, informó que la reina Isabel II se declaró “triste” al conocer la noticia de su muerte.

“Descansa en paz Maggie. Por siempre agradecidos”, expresaron en tanto los habitantes británicos de las Islas Malvinas a través de su cuenta en Twitter @falkland_utd.

Thatcher tuvo un rol determinante en la guerra con la Argentina por las Islas Malvinas y para seguir de cerca el conflicto bélico presidió un gabinete de guerra.

El conflicto se extendió entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, y dejó un saldo de 649 soldados argentinos fallecidos, 255 británicos y tres malvinenses. La Argentina continúa impulsando su reclamo de soberanía ante organismos internacionales, mientras que Gran Bretaña se niega a acatar una resolución de las Naciones Unidas para negociar y poner fin a la disputa sobre el archipiélago.

Dos décadas después de su salida de Downing Street, el legado de esta implacable abanderada del conservadurismo político y del liberalismo económico continúa dividiendo a los británicos.

Estas convicciones seguramente nacieron de la estricta educación que recibió la joven Margaret Hilda Roberts, nacida el 13 de octubre de 1925 en Grantham, de su padre, comerciante, predicador y concejal.

Licenciada en Química y convertida a la abogacía tras su boda con el empresario Denis Thatcher en 1951, inició posteriormente su carrera política. En 1959 logró un escaño en la Cámara de los Comunes, y entre 1970 y 1974 fue ministra de Educación.

Un año después de dejar ese cargo, asumió el liderazgo de los “Tories” y en mayo de 1979 ganó las elecciones y se convirtió en la primera y única mujer en dirigir un gobierno británico.

Para reactivar una economía enferma, privatizó industrias, recortó drásticamente el gasto público, desmanteló partes importantes del Estado de bienestar, bajó los impuestos y debilitó a los sindicatos.

Con su política ultraliberal provocó un fuerte aumento del desempleo -se llegaron a superar los tres millones de parados- y enfrentó graves conflictos sociales, como la larga huelga de mineros que reprimió severamente en 1984.

Amiga de los presidentes Ronald Reagan (EEUU), considerado por muchos como su hermano ideológico, y Mijaíl Gorbachov (URSS), desempeñó un papel importante en la última etapa de la Guerra Fría.

Pero su carácter inflexible se volvió en su contra. La imposición de la “Poll Tax”, un impuesto rechazado incluso en su propio partido, precipitó su caída. El 22 de noviembre de 1990 dimitió y abandonó Downing Street con lágrimas en los ojos.

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