4 de enero de 2026 - 00:20

Venezuela hora cero

Si el poder en la Venezuela pos-chavista se ejerce desde Washington, será ilegal. En cambio, si se ejerce desde Caracas, ya sea con un gobierno de transición o con Edmundo González Urrutia como presidente y María Corina Machado como vicepresidenta, habrá legalidad y legitimidad. Pero Trump no parece querer eso.

Todo iba bien hasta que Trump dijo que Estados Unidos va a gobernar Venezuela hasta que esté en condiciones de tener un gobierno de transición. También que la autoridad norteamericana manejará el petróleo y lo exportará a los países que lo compran.

Hasta ese momento, la noticia mala es que Washington había violado la legislación internacional lanzando una operación militar en otro país, mientras que la noticia buena es que ese acto ilegal norteamericano había provocado la caída de un dictador impresentable que violó masivamente Derechos Humanos, hundió una economía que flota en petróleo y causó una diáspora de dimensiones bíblicas, además de haber perpetrado un fraude caricaturesco contra la voluntad popular expresada en las urnas del 2024.

Lo que vino con la aparición de Trump ante las cámaras y los micrófonos, es una situación confusa sobre la legalidad del poder que impere sobre la Venezuela pos-chavista. Si ese poder se ejerce desde Washington, será ilegal. En cambio, si se ejerce desde Caracas, ya sea con un gobierno de transición o con Edmundo González Urrutia como presidente y María Corina Machado como vicepresidenta, habrá legalidad y legitimidad.

Faltó que alguno de los periodistas presentes le preguntara por qué hablaba de gobernar Venezuela, en lugar de hablar de ayudar a que autoridades venezolanas de transición gobernaran su país, o ayudar a que la autoridad elegida en el 2023 por el voto mayoritario asuma como presidente y designe a Machado como vicepresidenta.

En ese punto, como un niño mezquino y rencoroso, el magnate neoyorquino mostró hasta qué punto desprecia a María Corina Machado desde que ella se quedó con el Nobel de la Paz que él tanto ansiaba y por el que había hecho todo tipo de presión sobre el comité noruego. Dijo que Machado no tiene “ni el apoyo ni el respeto necesarios para gobernar Venezuela”.

Empezaba a atardecer en las Américas, y la sensación es que el gobierno de Trump parecía más cerca de acordar una transición gobernada por la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, que con la mujer que en los últimos tres años ha mostrado más que nadie ser la líder más apoyada por la amplia mayoría de los venezolanos.

Por eso, una de las últimas voces que resonaron este sábado volcánico, fue la de Delcy Rodríguez, con un discurso ambiguo en el que parecía competir por el poder contra Diosdado Cabello y también contra María Corina Machado.

Horas antes, en lugar de explicar por qué no propicia que González Urrutia y Machado presidan la transición, lo que dijo el jefe de la Casa Blanca es que Estados Unidos va a gobernar al país sudamericano por el tiempo que sea necesario.

A esa hora, no se sabía la suerte de Diosdado Cabello, el número dos del régimen y supuestamente quien estaba a cargo del poder en Venezuela, junto al general Vladimir Padrino López. De tal modo, lo que estaba claro es que Maduro había caído, pero no que hubiera caído el régimen chavista que presidía ese hombretón al que Hugo Chávez había ungido desde su lecho de muerte.

Para dar por extinguida la dictadura chavista, además de Maduro deben ser capturados o asesinados o expulsados del país el hasta ahora todopoderoso ministro de Justicia y Seguridad, Diosdado Cabello, y el general Vladimir Padrino López, cabeza del Ministerio chavista de Defensa.

De tal modo, lo sucedido no alcanza para tener certeza sobre la muerte del régimen facineroso que encabezó Maduro hasta que comandos de elite del Delta Force lo sacaron a los empujones de la cama y lo subieron esposado a un helicóptero norteamericano. Pero da indicios de que esa dictadura podría estar implosionando.

Cuando el sol aún no había asomado y a los caraqueños los despertaron las explosiones y el vuelo de aviones de combate y helicópteros artillados norteamericanos, lo que vieron por sus ventanas era la primera señal de que el poder militar chavista estaba paralizado. Al revés del doble trayecto de luces que se ven en los bombardeos nocturnos en Ucrania, Israel e Irán, donde, como en la Irak aún gobernada por Saddam Hussein hay luces que caen desde el cielo y otras luces que se elevan desde el suelo, en Caracas sólo se veían las luces que caían desde el cielo. La señal de que no había fuego antiaéreo contra las naves norteamericanas.

Rusia vendió a Venezuela sistemas antiaéreos Buk, misiles tierra-aire S-300 y más de cinco mil misiles portátiles Igla-S, versión rusa de los Stinger, el arma con que los mujaidines afganos derribaron decenas de helicópteros artillados soviéticos como si fueran palomas en la cordillera del Hindu Kush.

La imagen de decenas de gigantescos helicópteros Chinook volando a escasa altura sobre Caracas y otras ciudades venezolanas, sin que desde el suelo los atacara artillería antiaérea ni salieran a enfrentarlos los escuadrones de aviones Sukhoi que Rusia le vendió al régimen, parecía la imagen de un boxeador que, contra las cuerdas, recibe golpes sin poder siquiera levantar la guardia y lanzar alguna que otra trompada.

De hecho, que los comandos Delta Force hayan podido llegar hasta la guarida donde se encontraban Maduro y su esposa, capturar a ambos y sacarlos del país sin que nadie les cortara el paso, constituye un claro signo de que la CIA logró infiltrar en profundidad la estructura militar venezolana.

Cuando los marines norteamericanos capturaron en Al Dawr a Saddam Hussein en el 2003, el dictador iraquí estaba escondido en un agujero, casi totalmente huérfano de protección militar. Tampoco tenía la protección de un ejército Osama Bin Laden, cuando fue acribillado comandos de la Seal Navy en el escondite que habitaba en la ciudad paquistaní de Abbottabad. En cambio, se supone que Maduro estaba con toda la protección del ejército, la policía y los aparatos de inteligencia. Sin embargo, atraparlo y levárselo les costó a sus captores casi tan poco como a los oficiales que sacaron de la cama al entonces presidente Manuel Zelaya, lo cargaron en pijamas a un helicóptero y lo sacaron de Honduras aquella noche de junio del 2009.

En aquel caso, el poder cayó automáticamente sobre el autor del golpe institucional, el presidente del Congreso hondureño Roberto Micheletti. En el caso venezolano, sin maduro en Miraflores, la presidencia debe haber recaído automáticamente en la vicepresidenta y ministra del Petróleo, Delcy Rodríguez, o en su hermano y titular de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Ambos representan el ala dialoguista del régimen y llevan años enfrentados con Diosdado Cabello.

Según lo dicho por Trump, Delcy Rodríguez le ofreció colaborar con Estados Unidos en la etapa iniciada. Si hay acuerdo entre los hermanos Rodríguez y la Casa Blanca, a esta hora ellos deben estar pulseando con Diosdado Cabello para ver quién se queda con un régimen en acelerado proceso de extinción. Si Delcy y Jorge vencen al matón que conducía el programa “Con el mazo dando” blandiendo un garrote de los Picapiedras, estarán en condiciones de respaldarse en la rencorosa sangre en el ojo que le dejó a Trump el Premio Nobel, para quedarse con el trofeo que, hasta el mediodía del sábado, María Corina Machado creyó tener al alcance de la mano.

Pero nada está claro en la Venezuela de estas horas. Salvo que Nicolás Maduro ya no está en Miraflores ni bailoteará más sobre los escenarios haciendo la parodia del líder amado y popular.

* El autor es politólogo y periodista.

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