En la isla del Príncipe Eduardo, Canadá, la jubilación de Édouard Arsenault tomó un rumbo inesperado en el verano de 1979. Una postal enviada por su hija Réjeanne, que mostraba una atracción de vidrio en la isla de Vancouver, encendió la imaginación del pescador. Desde ese momento, se dedicó a recolectar botellas vacías en su comunidad.
El pescador consiguió los envases en salones de baile, restaurantes, vecinos y familiares. Durante el invierno, se recluyó en el sótano de su casa en Cap-Egmont. Allí lavó cada una de las piezas, retiró sus etiquetas y las clasificó meticulosamente por color, tamaño y forma para la obra.
El trasfondo técnico detrás de una arquitectura de descarte
En la primavera de 1980, con 66 años, comenzó la edificación. Esta monumental tarea no fue casual: Arsenault combinaba su oficio de pescador con el de carpintero en las temporadas bajas, construyendo barcos y realizando obras de construcción. Además, su experiencia como el último guardián residente del faro local le otorgó la disciplina necesaria para dominar la mezcla de cemento y vidrio.
Su primera obra, levantada en 1980, fue la Casa de los Seis Gabletes, que midió 20 por 14 pies y requirió unas 12.000 botellas de diferentes colores. En 1982, construyó una taberna hexagonal con 8.000 envases. Finalmente, en 1983 completó el pueblo con una capilla fabricada con otras 10.000 unidades.
El pescador falleció el 31 de mayo de 1984, poco después de terminar el proyecto. Actualmente, el sitio permanece abierto al público en la Ruta 11 de Cap-Egmont, donde los visitantes disfrutan de las construcciones, los jardines y una réplica del faro donde trabajó en su juventud.