7 de septiembre de 2026 - 13:50

Una madre y su hija recolectaron basura durante 2 años y construyeron una casa de 7 habitaciones con 8.000 botellas de vidrio recicladas

Nacida en la pandemia, la Casa de Sal en la isla de Itamaracá costó dos años de recolección de basura costera y hoy funciona como hogar y taller textil.

Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly transformaron la costa de la isla brasileña de Itamaracá al recolectar más de 8.000 botellas de vidrio abandonadas por el turismo para construir su propio hogar de siete ambientes. Lo que comenzó como un método de limpieza ambiental ante la inacción estatal se convirtió en un manifiesto habitacional.

El proyecto comenzó en plena pandemia de Covid-19 ante la acumulación de residuos en las playas de Pernambuco. Edna, una educadora socioambiental de 55 años con raíces indígenas y quilombolas, unió esfuerzos con su hija Maria Gabrielly, diseñadora de moda sostenible de 27 años, para levantar la denominada Casa de Sal.

La técnica detrás de las botellas y el rechazo al paternalismo

La edificación demandó casi dos años de recolección diaria de basura costera. Madre e hija lavaron y clasificaron cada envase para encastrarlos en muros de vidrio, complementados con tabiques de palets reciclados y techos de chapas fabricadas con tubos de pasta de dientes gastados. "Si una botella no se rompe, puede permanecer intacta durante años. El problema no desaparece porque miremos hacia otro lado", reflexiona Edna sobre la durabilidad del material utilizado en su hogar.

Sin embargo, el proceso constructivo no estuvo exento de incomodidades y prejuicios sociales. Durante meses, ambas mujeres convivieron en un pequeño taller de costura de apenas 20 metros cuadrados, sin un baño convencional y lavando la vajilla en un fuentón. Además, debieron lidiar con el paternalismo de visitantes masculinos del rubro de la construcción que cuestionaban sus capacidades técnicas. "Siempre querían decirnos cómo hacer las cosas, como si no fuéramos capaces. Pero detrás de esta casa hay técnica, gestión y una visión", sostiene Maria Gabrielly.

Hoy la casa cuenta con siete habitaciones funcionales, donde la luz del sol se filtra a través de las botellas creando un juego de reflejos de colores en el interior. Para sus creadoras, la Casa de Sal no es solo una vivienda, sino una obra con un fuerte mensaje político y social que cuestiona directamente la gestión de los espacios naturales comunes.

Una alternativa de bajo costo ante la falta de vivienda en Brasil

La iniciativa adquiere una relevancia crítica en un país donde las estadísticas oficiales señalan que casi 5,8 millones de personas carecen de techo o habitan en condiciones de extrema precariedad. Si bien una sola construcción artesanal de botellas no erradica este déficit estructural, sí demuestra la viabilidad de reutilizar deshechos turísticos para edificar viviendas dignas a un costo marginal. El proyecto de estas dos mujeres se alza como una resistencia pacífica que devuelve la utilidad a lo que el consumo descarta.

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