Qué es el pastafarismo, la religión nacida como burla que hoy enfrenta a la Justicia española
Conocé la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador: de una protesta escolar a una batalla en los tribunales españoles por el reconocimiento de su identidad religiosa.
El Monstruo de Espagueti Volador, deidad del pastafarismo, en "La Creación de Adán".
El pastafarismo ya no es solo una parodia de internet. Con más de diez millones de seguidores, esta religión que adora a una deidad de pasta y albóndigas enfrenta hoy una encrucijada legal definitiva en España. Su lucha por el reconocimiento oficial pone a prueba los límites de la libertad de culto.
Lo que hoy conocemos como pastafarismo nació en 2005 de la pluma de Bobby Henderson, un físico de la Universidad Estatal de Oregón. Henderson envió una carta al Consejo de Educación de Kansas para protestar contra la decisión de enseñar el "diseño inteligente" (creacionismo) como alternativa a la evolución en las escuelas públicas.
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Bobby Henderson, creador del pastafarismo.
Su argumento fue una reducción al absurdo: si se enseñaba una teoría creacionista no científica, también debía dedicarse el mismo tiempo a enseñar que el universo fue creado por un Monstruo de Espagueti Volador. Lo que comenzó como una sátira atrajo a una comunidad global que hoy se denomina "pastafaris".
De una protesta escolar a un fenómeno mundial
La deidad central, conocida como Monesvol, es un ente invisible que, según sus fieles, creó el mundo hace 5.000 años mientras estaba un poco borracho, lo que explicaría las imperfecciones del universo. Henderson exigió que su teoría recibiera un tercio del tiempo lectivo, junto a la evolución y el diseño inteligente.
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El movimiento escaló rápidamente y hoy es considerado por muchos como una religión legítima que utiliza el humor para cuestionar los privilegios religiosos. Para sus seguidores, si existe un Dios, seguramente tiene un gran sentido del humor.
Piratas, coladores y volcanes de cerveza
Los principios de esta fe rompen con cualquier esquema tradicional. Los pastafaris consideran que los piratas son seres sagrados y que su desaparición es la causa real del calentamiento global y los desastres naturales. Sostienen que existe una correlación directa entre el aumento de la temperatura terrestre y el descenso de la población pirata desde el siglo XIX.
Por esta razón, los devotos suelen vestir como bucaneros o llevar un colador de pasta en la cabeza, su prenda religiosa oficial. El código de conducta se basa en los "Ocho Preferiría que no", mandamientos que promueven la tolerancia, la paz y, curiosamente, bajar el costo de la televisión por cable.
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Además, su visión del paraíso incluye volcanes de cerveza y fábricas de bailarines. Al finalizar sus oraciones, no utilizan el clásico "Amén", sino "Ramén", en referencia a la sopa de fideos japonesa.
El duro revés de la Justicia española
En España, la batalla por la legalidad ha sido extensa y frustrante para sus miembros. Desde 2010, diversos grupos han intentado inscribir a la Iglesia Pastafari en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. Sin embargo, la Audiencia Nacional confirmó recientemente la denegación de esta inscripción.
El tribunal argumentó que el pastafarismo no constituye una "verdadera entidad religiosa", sino que sus estatutos y dogmas tienen un carácter burlesco y paródico. A pesar de que los fieles alegan que sus sentimientos son tan válidos como los de cualquier otra fe, la justicia española determinó que su origen histórico como protesta invalida su estatus como religión oficial.
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Esta decisión ha dejado a la comunidad en un punto muerto legal, aunque ya preparan recursos ante el Tribunal Supremo. Mientras tanto, en países como Austria, República Checa o los Países Bajos, el movimiento ha logrado hitos sorprendentes, permitiendo a los ciudadanos aparecer en sus licencias de conducir con el icónico colador en la cabeza.