1 de marzo de 2026 - 09:39

Por qué están sacando del océano miles de kilómetros de cables viejos para salvar el internet del futuro

La operación para retirar el histórico cable submarino busca recuperar metales valiosos ante la escasez mundial y despejar el lecho oceánico para la próxima generación de banda ancha.

Tras tres décadas en el océano, el histórico cable transatlántico TAT-8 está siendo extraído en una operación de ingeniería sin precedentes. Esta infraestructura, que en 1988 marcó el inicio de la era de la fibra óptica entre Europa y Estados Unidos, hoy vuelve a la superficie para ser reciclada y dar paso a nuevas conexiones de alta capacidad.

El cable que Isaac Asimov comparó con un rayo de luz

La instalación del TAT-8 a finales de los ochenta fue recibida como una verdadera pieza de ciencia ficción hecha realidad. Durante su inauguración, el célebre escritor Isaac Asimov realizó una videoconferencia desde Nueva York para un público en París y Londres, describiendo la proeza como un "viaje inaugural a través del mar en un rayo de luz". Fue el primer cable diseñado específicamente para fibra óptica que cruzó el Atlántico, un hito que cambió para siempre la forma en que consumimos información.

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A pesar de las dudas iniciales sobre su capacidad, el éxito fue tan rotundo que el cable se saturó en apenas dieciocho meses. Esta demanda inesperada demostró el colosal potencial de la tecnología y sentó las bases para los miles de cables modernos que hoy forman la columna vertebral invisible de la red global. Sin embargo, el paso del tiempo y las condiciones extremas del fondo marino no perdonaron a esta reliquia; tras sufrir una avería en 2002 cuya reparación resultaba económicamente inviable, el sistema fue retirado del servicio y quedó abandonado en el abismo.

Minería submarina: la estrategia detrás del reciclaje tecnológico

La decisión de recuperar el TAT-8 después de veinte años de inactividad responde a una necesidad estratégica global. No se trata solo de limpiar el fondo oceánico, sino de una operación de minería urbana aplicada al mar. Los cables antiguos contienen volúmenes sustanciales de cobre de alta calidad, un recurso que la Agencia Internacional de la Energía advierte que podría escasear durante la próxima década debido a la transición energética.

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El mecanismo detrás de este rescate combina la recuperación de recursos con la optimización de la infraestructura. Al extraer estas toneladas de material, se obtiene cobre puro, acero para reutilización y polietileno que se transforma en plástico reciclado. Pero más importante aún es la liberación de "pasillos" submarinos. Actualmente, existen cerca de 2 millones de kilómetros de cables fuera de servicio en el mundo que ocupan rutas críticas. Su recuperación permite instalar nuevas líneas de fibra de última generación, capaces de soportar un consumo de ancho de banda masivo que las viejas infraestructuras no podrían procesar.

Un rescate artesanal a kilómetros de profundidad en el océano

Extraer una línea tendida a varios kilómetros bajo el nivel del mar es una tarea titánica y delicada. El proceso requiere que los técnicos localicen con precisión quirúrgica cada segmento mediante ganchos de agarre diseñados para izar la línea gradualmente hacia la cubierta del barco. Una vez arriba, la fibra de vidrio debe ser enrollada a mano por especialistas para evitar que se quiebre, lo que convertiría el material en un desecho inútil.

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La misión es una lucha constante contra la naturaleza. Durante la recuperación actual del TAT-8, el equipo tuvo que desviar su curso y suspender tareas debido al inicio de la temporada de ciclones, que hace imposible mantener la estabilidad del barco necesaria para el izado. A pesar de los desafíos, esta labor es vital porque, aunque los satélites han ganado potencia, siguen siendo insuficientes en capacidad y fiabilidad para el intercambio masivo de datos que requiere el internet moderno en comparación con los cables submarinos.

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