Ni gimnasio ni abdominales: en esta tribu de Etiopía, la panza grande es símbolo de belleza y poder
En el Valle del Omo, la tribu Bodi desafía los estándares occidentales: los hombres se aíslan seis meses para engordar y ganar el respeto de toda la comunidad.
En el remoto Valle del Omo, en Etiopía, la tribu Bodi celebra anualmente el festival Ka'el. A diferencia del resto del mundo, aquí la obesidad masculina es sinónimo de prosperidad y estatus social. Los jóvenes compiten por tener la panza más prominente, transformando su cuerpo en un símbolo de riqueza ancestral.
El ritual de los seis meses: sangre, leche y aislamiento
Para los hombres de la tribu Bodi, también conocidos como Me'en, la preparación para el festival Ka'el es una prueba de disciplina extrema que comienza hasta seis meses antes de la ceremonia. Cada familia elige a un joven soltero para representar al clan en esta competencia de engorde. Durante este periodo, los participantes deben permanecer en un aislamiento casi total dentro de sus chozas, donde tienen prohibido mantener relaciones sexuales y realizar cualquier tipo de esfuerzo físico.
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La dieta es el pilar fundamental de esta transformación. Los competidores consumen diariamente una mezcla hipercalórica de leche y sangre fresca de vaca. La sangre se extrae de los animales mediante un método cuidadoso que no los mata, ya que el ganado es considerado sagrado y el centro de su universo. Debido a las altas temperaturas de la región, los hombres deben ingerir rápidamente cerca de dos litros de esta mezcla antes de que se coagule, un proceso que a menudo provoca vómitos pero que es necesario para triplicar su peso corporal. El fotógrafo Eric Lafforgue, quien ha documentado el proceso, señala que algunos hombres llegan a estar tan obesos que apenas pueden caminar.
Más que estética: la panza como símbolo de riqueza y supervivencia
El día de la ceremonia, la aldea se convierte en un festival vibrante donde los concursantes desfilan y sus vientres son medidos con precisión por los ancianos. El ganador es proclamado "rey por un día" y obtiene un prestigio inmenso que lo convierte en el soltero más codiciado por las mujeres de la tribu, quienes suelen ser delgadas y con rasgos finos. Sin embargo, este culto a la gordura trasciende la vanidad; en la cosmología Bodi, una gran panza es una prueba visual de que el hombre posee muchas vacas y, por lo tanto, tiene la capacidad de alimentar y proteger a su familia.
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A pesar de la fortaleza de esta tradición, el estilo de vida de los Bodi enfrenta desafíos modernos que impactan su vida cotidiana. Médicos voluntarios han alertado sobre el aumento de afecciones cardiovasculares y niveles altos de colesterol entre los jóvenes tras el festival. Además, factores externos como la construcción de la presa hidroeléctrica Gilgel Gibe III ha alterado el flujo del río Omo, obligando a muchas comunidades ganaderas a migrar para encontrar pastos para sus animales. Esta presión ambiental, sumada al avance de plantaciones comerciales, pone en riesgo el delicado equilibrio de una cultura que utiliza el cuerpo como el soporte principal de su orden social y símbolo de identidad.