El regreso de los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo de la cápsula Orión marca el final de la misión Artemis II, pero el inicio de un complejo desafío físico y fisiológico.
Tras completar una histórica misión de 10 días orbitando nuestro satélite natural, los cuatro tripulantes enfrentarán un protocolo de rehabilitación de 45 días para readaptar su cuerpo a la gravedad terrestre, recuperar su equilibrio y fortalecer su sistema óseo y muscular.
El regreso de los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo de la cápsula Orión marca el final de la misión Artemis II, pero el inicio de un complejo desafío físico y fisiológico.
Aunque el viaje ha durado solo diez días, la exposición a la microgravedad y las fuerzas extremas de la reentrada -que alcanzan hasta 3,9 veces la gravedad terrestre- demandan una intervención médica inmediata y sostenida.
Una vez que la cápsula Orión amerizó en el océano Pacífico, comienza un protocolo de rescate milimétrico. La tripulación debe permanecer cerca de dos horas dentro de la nave mientras los equipos de recuperación estabilizan el módulo con dispositivos de flotación e inspeccionan los sistemas.
Tras ser extraídos, son trasladados al buque USS John P. Murtha para una primera evaluación médica y, posteriormente, son llevados al Centro Espacial Johnson en Houston. Allí, inician un programa de recuperación progresiva de 45 días, diseñado para restablecer los niveles de fuerza y coordinación previos al vuelo.
El efecto más inmediato tras el regreso es la pérdida del equilibrio. Durante la estancia en el espacio, el sistema vestibular (ubicado en el oído interno y responsable del balance) se desactiva parcialmente debido a la falta de señales de gravedad. Por ello, al volver, los astronautas experimentan desorientación, mareos y náuseas.
A pesar de la estricta rutina de ejercicios realizada a bordo con el volante de inercia (un dispositivo de resistencia que permite realizar sentadillas y remo), se estima que en estos diez días la tripulación pudo haber sufrido una reducción de entre el 1% y el 2% de su masa muscular, especialmente en piernas y espalda.
La rehabilitación incluye dos horas diarias de ejercicio personalizado y fisioterapia intensa para fortalecer los huesos y músculos atrofiados por la falta de carga gravitatoria. Además, deben someterse a estudios para corregir la redistribución de líquidos que genera el efecto de "cara de luna" y vigilar posibles alteraciones visuales temporales causadas por la presión de fluidos en la cabeza.
La medicina espacial pone especial énfasis en el sistema inmune, que se debilita significativamente durante las misiones espaciales. Los astronautas de Artemis II regresan con una mayor vulnerabilidad a infecciones, por lo que reciben vacunas adicionales y un seguimiento estricto de su dieta y descanso.
Finalmente, la NASA monitorea posibles alteraciones psicológicas como ansiedad o estrés postmisión. El paso de un entorno controlado y aislado a uno lleno de variables en la Tierra puede generar un "choque emocional", el cual es tratado con sesiones de acompañamiento profesional para asegurar una reintegración exitosa a su vida social y profesional.