Cuando Alexandra Ochs, de 21 años, subió al escenario de la Universidad Estatal de Fort Hays en 2007 para recibir su título, compartió un momento inolvidable con su compañera de promoción: su propia abuela. Nola Ochs, de 95 años, también estaba recibiendo su licenciatura.
La ceremonia simbolizaba el final de un recorrido académico que había comenzado 77 años antes, cuando se inscribió en esa misma institución de Kansas el 19 de abril de 1930, en plena Gran Depresión.
Mientras Alexandra iniciaba su vida profesional, Nola cerraba un capítulo que había permanecido abierto durante casi ocho décadas.
Una vida donde la educación quedó en pausa
Nola comenzó sus estudios cuando la universidad era una escuela de formación docente. Poco después empezó a enseñar en escuelas rurales de Kansas, se casó con Vernon Ochs y juntos criaron a cuatro hijos mientras trabajaban en una granja.
La universidad quedó relegada por las responsabilidades cotidianas. No abandonó el sueño de graduarse: simplemente lo postergó durante décadas.
El regreso al aula a los 95 años
Tras la muerte de su esposo, decidió retomar aquello que había dejado inconcluso. Primero cursó materias en el Dodge City Community College y descubrió que le faltaban apenas 30 créditos para obtener la licenciatura.
En lugar de completar esas materias desde su casa, tomó una decisión inesperada: se mudó a un departamento dentro del campus y volvió a ser estudiante de tiempo completo. Compartía clases con jóvenes que tenían la edad de sus nietos y realizaba las mismas tareas académicas que cualquier otro alumno.
“Cuando vine aquí, por supuesto que sabía que era vieja, pero no le presté atención a qué tan vieja era”, recordó en una entrevista con CBS News.
Y resumió su experiencia con una frase que se volvió célebre: “Era solo una estudiante más”.
El récord que no fue su último logro
La graduación de 2007 convirtió a Nola Ochs en la graduada universitaria más anciana del mundo. Sin embargo, para ella el título no representó un punto final.
Tres años después regresó nuevamente a la universidad y, con 98 años, obtuvo una maestría en Estudios Liberales. Continuó asistiendo a clases hasta cumplir 100 años, cuando finalmente volvió a vivir en su granja.
Su trayectoria académica terminó abarcando siete décadas, desde su primera inscripción en 1930 hasta sus últimos cursos universitarios un siglo después de nacer. Nunca pidió un título honorífico ni un trato especial. Se inscribió como cualquier estudiante, vivió en el campus, rindió exámenes y completó los créditos necesarios para graduarse.
Nola Ochs falleció en 2016 a los 105 años, pero su nombre sigue siendo uno de los ejemplos más extraordinarios de perseverancia en la educación superior: una mujer que comenzó la universidad durante la Gran Depresión y demostró que nunca es tarde para volver a aprender.