12 de septiembre de 2026 - 16:10

Una mujer y su marido recolectaron neumáticos durante 6 meses y construyeron una casa de 4 habitaciones con 1.100 cubiertas recicladas

La pareja levantó en Nueva Zelanda una casa, con muros de neumáticos rellenos de tierra, captación solar y sistemas para reutilizar agua.

Sarah Rowe y Gus Anning tardaron alrededor de seis meses en reunir los neumáticos que necesitaban para construir la casa familiar que habían imaginado. El proyecto tomó forma en Hikuai, en la península de Coromandel, Nueva Zelanda, y siguió el concepto Earthship: viviendas que buscan reducir el consumo de energía y agua mediante diseño pasivo, materiales naturales y componentes recuperados.

La casa, bautizada Te Timatanga -“el comienzo” en maorí-, tiene 240 metros cuadrados, cuatro dormitorios, tres baños y un gran atrio. Antes de llegar a la obra, la pareja pasó tres años investigando y otros dos planificando. La construcción propiamente dicha llevó unos nueve meses y contó con la participación de decenas de voluntarios.

Los 1.100 neumáticos iban a terminar en un basural

Conseguir una cantidad semejante de cubiertas usadas no fue inmediato. Rowe y Anning veían pasar regularmente un camión cargado con neumáticos cerca de su terreno. Finalmente localizaron al conductor en un café y negociaron para recibir las cubiertas que estaban destinadas al vertedero. El proceso de reunir suficiente material tomó unos seis meses.

Durante el verano de 2015, los neumáticos se apilaron para formar muros y cada uno se rellenó con arcilla extraída del propio terreno. Ese sistema genera una masa térmica muy pesada que ayuda a estabilizar la temperatura interior. Luego, las paredes fueron revocadas hasta ocultar casi por completo las cubiertas.

La casa se diseñó para aprovechar el sol y reducir consumos

El frente de la vivienda incorpora un atrio con grandes superficies vidriadas orientadas para captar radiación solar. Los dormitorios y baños se distribuyen detrás de ese espacio, mientras tubos de ventilación enterrados ayudan a mover aire más fresco en verano. En invierno, la ganancia solar contribuye a mantener una temperatura estable.

El diseño también incorpora recolección de agua de lluvia y reutilización de aguas grises. El agua proveniente de duchas y lavarropas atraviesa canteros interiores antes de volver a utilizarse. Después de servir para descargar los inodoros, los residuos pasan por un sistema séptico con lombrices y tratamiento posterior.

No solo reciclaron neumáticos

La filosofía del proyecto se extendió a otros materiales. Para el contrapiso utilizaron conchas de mejillón, un descarte local, y para paredes interiores consiguieron ladrillos de barro que habían sobrado de otra construcción. Incluso los ladrillos rotos se trituraron y se incorporaron al revoque. También reutilizaron puertas antiguas y botellas de vidrio en muros decorativos.

La vivienda no es completamente autónoma: posee conexión a la red eléctrica y usa gas en la cocina. Sin embargo, sus sistemas solares, el manejo del agua y la masa térmica redujeron notablemente los costos de funcionamiento. La pareja explicó que continuaba ajustando el consumo para acercarse todavía más a su objetivo de autosuficiencia.

Una casa familiar que también funcionó como taller

Para acelerar la construcción y compartir conocimientos, Rowe y Anning convirtieron parte de la obra en un taller práctico de Earthship. Decenas de personas pagaron por aprender la técnica mientras colaboraban en llenar y apilar las 1.100 cubiertas. La casa terminó apareciendo en la edición neozelandesa de Grand Designs.

El dato más llamativo sigue siendo el destino que tuvieron los neumáticos. Durante medio año la pareja reunió un residuo que iba a terminar enterrado y lo convirtió en una parte esencial de una vivienda de cuatro dormitorios. Más que un detalle decorativo, las cubiertas terminaron formando los muros que regulan buena parte de la temperatura de la casa.

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