En su última audiencia del año, el Papa León XIV repasó los hechos que atravesaron el 2025, combinando momentos de celebración religiosa con episodios dolorosos. Recordó a su antecesor, el papa Francisco, fallecido meses atrás, y expresó su pesar por las guerras que continúan afectando a distintos pueblos, al tiempo que destacó la experiencia del Jubileo.
Durante la audiencia general celebrada en el Vaticano ante miles de fieles, León XIV realizó un balance del año eclesial. Señaló que 2025 estuvo atravesado por acontecimientos significativos, algunos positivos y otros profundamente tristes. Entre estos últimos mencionó la muerte del “añorado” papa Francisco, ocurrida en abril, y los conflictos bélicos que, según expresó, siguen devastando amplias regiones del planeta.
El Papa invitó a la comunidad católica a cerrar el año poniendo todo “frente al Señor”, con una actitud de confianza y oración. En ese sentido, pidió que en el tiempo que comienza se renueven la gracia y la misericordia, tanto a nivel personal como colectivo. Como obispo de Roma, remarcó el valor espiritual de este ejercicio de reflexión al finalizar el calendario.
Un año de fe y peregrinación
León XIV también destacó los momentos considerados “felices”, entre ellos la peregrinación de millones de fieles con motivo del Año Santo. Recordó que personas de todo el mundo llegaron a Roma para atravesar la Puerta Santa, rezar ante la tumba de Pedro y reafirmar su adhesión a Cristo. Para el Pontífice, esta experiencia simboliza que la vida es un camino cuya meta trasciende el tiempo y el espacio.
En ese marco, celebró el Jubileo iniciado por Francisco en diciembre de 2024 y que él mismo se encargará de cerrar. Agradeció especialmente a quienes trabajaron para recibir a los peregrinos y hacer de Roma una ciudad más acogedora durante ese período.
Al referirse al solemne canto del Te Deum, León XIV volvió a traer a la memoria palabras de Francisco, quien diferenciaba la gratitud superficial de aquella que nace del asombro y la alabanza. Retomando esa idea, el Papa agradeció por los dones recibidos a lo largo del año.
Al finalizar la celebración, impartió la bendición tradicional en varios idiomas y dirigió un saludo especial a jóvenes provenientes de Tierra Santa, presentes en la Plaza de San Pedro. Con ese gesto, cerró un año marcado por la fe, el recuerdo y un llamado a no olvidar el sufrimiento que aún persiste en el mundo.