6 de abril de 2026 - 11:12

Descubrimiento en Europa tiene más de 2 mil años, posee joyas preciosas y reescribe la historia celta

Los arqueólogos recuperaron moldes para acuñar monedas y ámbar del Báltico en un predio de 25 hectáreas que permaneció oculto y sin saqueos durante dos milenios.

Un equipo de arqueólogos descubrió un asentamiento comercial celta de 25 hectáreas durante las obras de la autopista D35, en República Checa. El sitio, con más de 2.000 años de antigüedad, conserva miles de piezas de oro y joyas en perfecto estado. Este descubrimiento ofrece una visión inédita de la economía europea previa a los romanos.

El descubrimiento se produjo cerca de la localidad de Hradec Králové, en una investigación liderada por el Museo de Bohemia Oriental y la universidad local. Lo que comenzó como una excavación preventiva terminó revelando un centro de producción que operó durante la Edad del Hierro. El sitio se destaca por haber permanecido intacto bajo el suelo, sin alteraciones por agricultura ni saqueos modernos.

Un centro de producción y lujo en la Edad del Hierro

Los investigadores ya catalogaron más de 22.000 piezas, que incluyen brazaletes, broches, piezas de cinturón y cuentas de vidrio de gran valor artístico. La presencia de ámbar y cerámica importada confirma que este asentamiento era un punto clave en la famosa Ruta del ámbar, que conectaba el mar Báltico con el Mediterráneo. Es una prueba del nivel tecnológico de la cultura celta de La Tène, reconocida por sus avances en la metalurgia.

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Lo más sorprendente para los científicos fue encontrar moldes para la acuñación de monedas. Esto demuestra que no era un simple pueblo rural, sino un nodo económico con capacidad de emitir su propia divisa de oro y plata para facilitar los intercambios comerciales. La densidad de objetos encontrados es muy superior a la de otros yacimientos de Europa central debido a su excelente estado de conservación.

Una ciudad abierta sin murallas defensivas

El arqueólogo Tomáš Mangel explicó que la estructura del lugar permite entender cómo se organizaban estos centros logísticos entre los siglos III y I a. C.. A diferencia de otros asentamientos de la época, este carecía de fortificaciones o murallas. Se trataba de un enclave abierto, orientado principalmente al intercambio y a la circulación de bienes y conocimiento técnico.

El descubrimiento revela que los celtas fueron intermediarios fundamentales en el comercio paneuropeo mucho antes del auge del Imperio romano. Funcionaba como un nodo logístico para la redistribución de materias primas y objetos de lujo en un cruce estratégico de caminos entre el norte y el sur del continente. Este hallazgo cambia la perspectiva sobre las conexiones europeas antiguas, que resultaron ser mucho más sofisticadas de lo que se creía.

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Las viviendas, talleres y posibles santuarios identificados permiten reconstruir la vida cotidiana de una sociedad compleja. El potencial informativo de la excavación es inmenso para conocer el desarrollo de las redes comerciales y la organización urbana antes de Roma. Hoy, este tesoro oculto bajo el campo finalmente sale a la luz para reescribir la historia económica de la región.

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