En la taiga siberiana, una gigantesca estructura de caliza de 40 metros de altura y 160 metros de ancho desafía a la comunidad científica desde hace más de siete décadas. Conocido como el cráter de Patom, este enigmático cono rocoso de un millón de toneladas continúa sin una explicación definitiva sobre su origen.
El relieve fue descrito en 1949 por el geólogo Vadim Kolpakov en el distrito de Bodaibo, perteneciente a la región rusa de Irkutsk. Ubicada en una ladera del altiplano de Patom, la formación circular destaca entre la densa vegetación por su elevación central, su depresión en la cima y su composición de bloques claros de caliza, areniscas y esquistos.
¿Por qué se descartó que el cráter de Patom en Siberia fuera un impacto de meteorito?
Durante las primeras décadas de estudio, la hipótesis principal planteada por Kolpakov sugería que la impresionante masa de rocas había sido producida por el choque de un meteorito. Sin embargo, minuciosos análisis geológicos y geoquímicos posteriores descartaron esa teoría al comprobar que la organización de los sectores y la composición del terreno no coincidían con la estructura típica de un impacto cósmico.
Para determinar la antigüedad del relieve, los científicos recurrieron a la dendrocronología, analizando los anillos de crecimiento de los árboles que vegetan sobre el propio cono rocoso. Estos estudios revelaron que la zona registró perturbaciones mecánicas y desplazamientos de bloques a lo largo de varios siglos, lo que demuestra una formación desarrollada en diversas etapas históricas.
¿Qué fuerzas subterráneas formaron el cráter gigante de Siberia?
En 2008, los investigadores Viktor Antipin y Aleksandr Fedorov publicaron un estudio con evidencias favorables a un origen endógeno, provocado por fuerzas internas de la Tierra. Entre los mecanismos evaluados figuran la circulación de fluidos, la subida de gases por fracturas profundas, explosiones freáticas por acumulación de vapor y la deformación del terreno generada por el congelamiento de agua subterránea.
A pesar de las complejas expediciones enviadas a la taiga y de los mapas elaborados, una investigación divulgada en 2024 en la revista científica Priroda ratificó que la génesis del cono de Kolpakov continúa siendo un problema abierto. Los expertos mantienen el desafío de precisar qué fuerzas desplazaron un millón de toneladas de roca para erigir esta mole en el paisaje siberiano.