17 de septiembre de 2026 - 13:47

Buscaban un lugar para acampar y encontraron un cráter de 390 millones de años

Joël Lapointe observaba mapas satelitales para preparar un viaje a una remota región de Quebec cuando detectó una forma circular que no podía explicar.

En 2024, el astrónomo aficionado Joël Lapointe estaba buscando lugares para acampar en la Côte-Nord de Quebec, Canadá, cuando algo extraño apareció en los mapas satelitales. Cerca del lago Marsal había una enorme forma circular hundida en el terreno que no parecía encajar con el paisaje circundante.

En vez de limitarse a elegir otro sitio para su viaje, Lapointe hizo una pregunta bastante más ambiciosa: ¿podría tratarse de un cráter producido por el impacto de un meteorito? La respuesta tardaría casi dos años en llegar.

La forma circular tenía unos 25 kilómetros

Lapointe contactó a especialistas de Europa y América del Norte y el sitio comenzó a llamar la atención de la comunidad científica.

El sutil contorno circular de la estructura de impacto de Uhackatik, en Quebec, rodea el lago Marsal. Crédito: Observatorio Terrestre de la NASA/Lauren Dauphin

El sutil contorno circular de la estructura de impacto de Uhackatik, en Quebec, rodea el lago Marsal. Crédito: Observatorio Terrestre de la NASA/Lauren Dauphin

En 2024 ya fue presentado como una posible nueva estructura de impacto en una reunión de la Meteoritical Society.

Posteriormente se involucró Gordon Osinski, geólogo planetario de Western University y especialista en cráteres de impacto, que al principio recibió la hipótesis con bastante escepticismo.

En octubre de 2025 decidió organizar una expedición. El equipo llegó en hidroavión hasta una de las regiones más aisladas de Quebec y tuvo que atravesar unos 50 metros de agua cargando el equipamiento porque la aeronave ni siquiera podía acercarse suficientemente a la costa.

A) Cono de fractura en el centro de la estructura. B) Roca fundida a 4 km (2,5 millas) al oeste del centro de la estructura. Crédito de la imagen: Gattacceca, J. et al.

A) Cono de fractura en el centro de la estructura. B) Roca fundida a 4 km (2,5 millas) al oeste del centro de la estructura. Crédito de la imagen: Gattacceca, J. et al.

Después encontraron pantanos, insectos y vegetación extremadamente densa.

Una roca permitió comprobar que allí había ocurrido un impacto

Los mapas geológicos anteriores atribuían las rocas fragmentadas del lugar a una antigua estructura volcánica.

Pero al segundo día de trabajo los investigadores encontraron shatter cones, conos de fractura que se producen cuando las rocas reciben las enormes presiones generadas por un impacto extraterrestre.

Osinski los describió como la evidencia de impacto más clara que puede identificarse directamente a simple vista en el terreno.

El cráter completo alcanza aproximadamente 25 kilómetros de diámetro y conserva una elevación central, además de grandes acantilados y otras estructuras características de impactos complejos.

Las rocas tienen unos 390 millones de años

Los análisis posteriores permitieron estimar una edad de aproximadamente 390 millones de años, durante el período Devónico.

Eso significa que la colisión ocurrió unos 100 millones de años antes de otro gran incremento en impactos sobre la Tierra que los científicos han relacionado con eventos ocurridos en el cinturón de asteroides.

Los investigadores señalaron además que un objeto capaz de producir hoy un cráter semejante provocaría devastación regional suficiente para destruir grandes ciudades y potencialmente generar consecuencias climáticas globales.

El nuevo cráter recibió el nombre de Uhackatik

Después de consultar con el Consejo Innu de Ekuanitshit, los investigadores propusieron llamar a la estructura Uhackatik.

El equipo científico considera que el origen por impacto está esencialmente confirmado, aunque NASA aclaró en septiembre de 2026 que todavía se esperaba el reconocimiento formal final del comité correspondiente de la Meteoritical Society.

Sería el mayor cráter de impacto descubierto desde la identificación de la estructura de Hiawatha, en Groenlandia, en 2018.

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