Lo que hoy es una inmensa extensión de arena en la Meseta de Abu-Tartur, en el corazón del desierto de Egipto, alguna vez fue el fondo de un mar tropical repleto de vida. Un equipo de investigadores identificó un auténtico cementerio de tiburones fosilizados, con restos pertenecientes a siete especies diferentes que convivieron hace decenas de millones de años.
El descubrimiento aporta nuevas evidencias de que gran parte del norte de África permaneció sumergida bajo las aguas del antiguo océano Tetis durante el Cretácico Superior, un período que se extendió entre hace 145 y 66 millones de años.
Cómo aparecieron fósiles marinos a cientos de kilómetros del mar
La explicación está en la evolución geológica de la Tierra. Durante millones de años, el océano Tetis cubrió vastas regiones del actual Sahara. Cuando sus aguas comenzaron a retirarse, dejaron enormes depósitos de sedimentos marinos que, con el paso del tiempo, se transformaron en roca y conservaron restos de animales prehistóricos.
Los fósiles fueron hallados en la Formación Duwi, una capa geológica especialmente rica en fosfatos. Según el equipo liderado por el paleontólogo Tarek Yassin, de la Universidad de El Cairo, este ambiente se caracterizaba por una intensa productividad marina, lo que favoreció la preservación de dientes y huesos con un nivel de detalle excepcional.
Cuántos fósiles de tiburón encontraron
Los científicos recuperaron 14 nuevos dientes fósiles, que se suman a ejemplares previamente catalogados y permiten identificar un total de siete especies distintas de tiburones prehistóricos.
La forma de cada diente funciona como una huella biológica: permite reconocer la especie, estimar su tamaño y reconstruir sus hábitos de alimentación, ofreciendo una ventana única al ecosistema marino que existía en esa región hace millones de años.
Qué revela este descubrimiento sobre el antiguo Sahara
Más allá del valor paleontológico, el hallazgo ayuda a reconstruir la historia climática del planeta. La presencia de múltiples especies de grandes depredadores en un mismo sitio indica que el área fue un ecosistema marino muy rico en nutrientes y biodiversidad.
Los depósitos de fosfato sugieren que la zona funcionó como un verdadero oasis oceánico, donde abundaban los organismos que sostenían la cadena alimentaria. Este tipo de registro es poco frecuente en África y permite completar vacíos sobre la vida marina del Cretácico en el continente.
Un desierto que todavía esconde un océano bajo la arena
Los investigadores consideran que la Meseta de Abu-Tartur podría albergar muchos más fósiles aún sin descubrir. Cada nueva excavación revela fragmentos de un paisaje completamente distinto al actual: un mar cálido habitado por tiburones, peces y otras especies que desaparecieron junto con el océano Tetis.
El desierto del Sahara continúa demostrando que, bajo sus arenas, permanece enterrada una de las historias geológicas más fascinantes de la Tierra.