29 de agosto de 2026 - 10:35

En 1997 arrojaron 12.000 toneladas de cáscaras de naranja sobre un terreno estéril: 16 años después se convirtió en una selva tropical

Tras quedar abandonado por una disputa judicial entre productoras de jugo, el vertedero de cáscaras se convirtió en una selva tupida dieciséis años después.

En 1997, los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs esparcieron 12.000 toneladas de cáscaras de naranja en un sector estéril de Costa Rica. Lo que comenzó como un polémico acuerdo con una empresa de jugos terminó transformando un pastizal degradado en un bosque tropical denso y biodiverso.

La zona elegida pertenecía al Área de Conservación Guanacaste, un territorio del noroeste de Costa Rica devastado por décadas de explotación ganadera. Para recuperar la fertilidad del suelo, los investigadores pactaron con la firma local Del Oro: a cambio de donar tierras al parque nacional, la procesadora de jugos depositaría sus residuos orgánicos en esa franja degradada.

¿Cómo se descartaron 12.000 toneladas de cáscaras de naranja en Costa Rica?

Cerca de mil camiones cargados con pulpa y cáscara de naranja recorrieron el trayecto para esparcir las toneladas de material orgánico sobre unas tres hectáreas de suelo estéril. El material orgánico inició su descomposición rápidamente, originando una valiosa capa de tierra negra y fértil. Sin embargo, la iniciativa se interrumpió de golpe cuando la empresa rival TicoFruit denunció el vertido alegando daño ecológico.

El conflicto legal paralizó el proyecto definitivo y la zona quedó abandonada, sin ningún tipo de monitoreo humano activo durante años. El destino de las tierras permaneció como una incógnita olvidada hasta que los investigadores regresaron dieciséis años después para evaluar sobre el terreno qué había ocurrido con aquella masiva acumulación de cítricos descompuestos.

¿Cómo se convirtió el vertedero de naranjas en una selva tropical?

El antiguo pastizal estéril se había transformado en un bosque tropical exuberante con una altísima densidad de árboles nativos. La evaluación científica de los resultados demostró que la biomasa forestal dentro de la zona recuperada aumentó un 176 por ciento en comparación con el área vecina que no había recibido el tratamiento orgánico.

El análisis del suelo también reflejó una sustancial mejora en la cantidad de nutrientes acumulados, optimizando la capacidad de retención biológica. Este experimento pionero funciona actualmente como un ejemplo internacional de bajo costo para la restauración ecológica, demostrando que los descartes industriales pueden ser insumos clave en la recuperación de ecosistemas arrasados.

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