24 de agosto de 2026 - 11:10

En 2025 liberaron 47 bisontes en un desierto de México: un año después volvieron los pumas, los linces y la vida silvestre

La liberación de 47 bisontes en el desierto de Coahuila reactiva el suelo y atrae de vuelta a depredadores como pumas y linces en solo unos meses.

En agosto de 2025, tres bisontes regresaron a la reserva de Cuatrociénegas, en Coahuila, México, un siglo después de haber sido borrados de la región por la actividad humana. Tres meses más tarde, la liberación de otros 44 ejemplares completó un grupo que inició una veloz restauración natural del desierto mexicano.

Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación Pro Cuatrociénegas, lidera este esfuerzo en El Santuario, un sector de 4.000 hectáreas dentro de una reserva federal famosa por sus dunas de yeso y pozas de agua azul. Este hábitat protegido de 84.000 hectáreas alberga cientos de especies de flora y fauna, muchas de ellas críticamente vulnerables o en peligro de extinción. La iniciativa busca reactivar la salud ecológica devolviendo esta especie que "debería estar allí".

¿Cómo ayudan los bisontes a regenerar el desierto de Coahuila?

Con un peso de hasta 1.700 libras, estos grandes mamíferos remueven la tierra con sus pezuñas al correr, lo que rompe la superficie dura del suelo y crea aberturas que facilitan la filtración del agua de lluvia. Además, al alimentarse de la densa vegetación seca del desierto Chihuahuense, reducen el material combustible disponible y previenen la propagación de incendios forestales en la reserva.

El impacto regenerativo se extiende también mediante su pelaje y sus desechos orgánicos. Diversas semillas se enredan en el pelo grueso de los bisontes y se dispersan de manera involuntaria mientras recorren la reserva. Asimismo, su estiércol fertiliza el suelo al atraer escarabajos peloteros, insectos que entierran los excrementos para mejorar la nutrición de la tierra y airear el subsuelo mediante sus constantes excavaciones.

¿Qué depredadores como pumas y linces regresaron al hábitat?

El rápido cambio ambiental quedó documentado mediante cámaras trampa instaladas en el sector de El Santuario. Los dispositivos automáticos registraron el regreso de fauna antes ausente de la zona, como pumas, linces y pecaríes de collar. Al mismo tiempo, se observó a aves locales recoger el pelaje que los bisontes desprenden para construir sus propios nidos.

Esta exitosa recuperación demuestra que la restauración de un hábitat dañado por la caza excesiva de los últimos dos siglos no requiere de pesada maquinaria. Para Ruiz Smith, la reintroducción representa devolver un "verdadero ingeniero del ecosistema" que actúa como un arquitecto natural moldeando y "regenerando sus alrededores" a cada paso.

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