En 2018, un grupo de científicos arrojó 100 toneladas de pulpa de café sobre un pastizal degradado en Coto Brus, al sur de Costa Rica. Dos años después, la cobertura de copas de árboles superó el 80% en la zona tratada, frente al escaso 20% registrado en el terreno adyacente sin residuos.
La parcela experimental de treinta y cinco por cuarenta metros, una antigua zona de pastoreo invadida por gramíneas, recibió una capa de medio metro de espesor de este desecho de café. El volumen de aproximadamente trescientos sesenta metros cúbicos equivale a treinta y cinco camiones. Los investigadores no plantaron semillas de forma directa ni introdujeron mudas forestales en esta área para acelerar la regeneración natural del bosque.
¿Cómo la pulpa de café ahogó los pastizales y enriqueció el suelo?
Al ser esparcido sobre el terreno, el material orgánico formó de inmediato una cobertura densa que dificultó la germinación y el desarrollo de las gramíneas dominantes. Con el paso del tiempo, la densa capa húmeda de pulpa comenzó a descomponerse lentamente sobre el suelo de la pastura, lo que aportó una gran cantidad de materia orgánica y modificó significativamente la disponibilidad de nutrientes de la tierra degradada.
Esta alteración aumentó los niveles de elementos esenciales como el carbono, el nitrógeno y el fósforo. Como consecuencia, las semillas que llegaban transportadas por aves o el viento hallaron un suelo fértil donde establecerse. El experimento demostró que el residuo no sirvió como semilla de bosque, sino como un impulso inicial para la regeneración vegetal de la zona.
¿Cuáles son los límites económicos de esta técnica de reforestación?
Al cabo de dos años de monitoreo, los árboles de la zona tratada crecieron rápidamente, llegando algunos a superar los cuatro metros de altura. Por el contrario, en la parcela de comparación que no recibió tratamiento, el capim continuó dominando y la vegetación nueva mantuvo un porte muy reducido bajo las mismas condiciones climáticas de la región costarricense.
No obstante, los científicos advierten que la técnica no representa una fórmula mágica apta para cualquier ecosistema. La enorme cantidad de pulpa necesaria y su elevado peso determinan un costo de transporte que limita su viabilidad económica a zonas de restauración que se encuentren localizadas a escasa distancia de las fincas productoras de café.