Lo que encontraron los investigadores no fue un simple fondo rocoso uniforme. Debajo del hielo aparecieron montañas, cañones profundos, valles amplios, llanuras y, por primera vez a escala continental, más de 30.000 colinas previamente desconocidas, definidas en el estudio como elevaciones del terreno de al menos 50 metros.
El trabajo fue publicado en Science y estuvo liderado por Helen Ockenden y Robert Bingham.
El hallazgo no salió de una excavación, sino de cómo se mueve el hielo
Ahí está una de las partes más llamativas de esta historia. Los científicos no “vieron” directamente esas colinas bajo el hielo con una cámara o un radar desde el espacio.
Lo que hicieron fue usar una técnica llamada Ice Flow Perturbation Analysis (IFPA), que interpreta cómo las irregularidades del terreno alteran la superficie del hielo cuando este fluye por encima. Con esa información, más datos de espesor del hielo y observaciones satelitales de alta resolución, pudieron inferir cómo es el relieve enterrado bajo casi todo el continente.
Ese punto importa porque resuelve un problema viejo. Hasta ahora, gran parte del mapa subglacial antártico dependía de relevamientos con radar hechos desde aviones o sobre la superficie, pero con separaciones enormes entre líneas de estudio: a veces de 10 a 100 kilómetros, e incluso más en algunas zonas.
Eso obligaba a interpolar mucho y dejaba vacíos enormes. El nuevo método permitió llenar mejor esos huecos y conectar el paisaje oculto de una forma mucho más coherente.
Por qué estas colinas importan más de lo que parece
A primera vista, descubrir miles de colinas bajo el hielo puede sonar como una curiosidad geológica. Pero el estudio tiene una consecuencia mucho más práctica: ayuda a entender cómo se mueve el hielo antártico y qué tan rápido podría perder masa en un planeta que se calienta.
Los autores explican que la forma del lecho rocoso controla la fricción que actúa contra el flujo del hielo. En términos simples: un terreno más rugoso, con más relieves, puede frenar en parte el avance del hielo hacia el mar.
Eso no significa que las colinas “salven” a la Antártida, pero sí que pueden modificar bastante las proyecciones. Por eso los investigadores remarcan que un mapa más preciso del lecho subglacial es clave para mejorar los modelos que estiman cuánto hielo podría derretirse o deslizarse hacia el océano y cuánto subiría el nivel global del mar.
Reuters destacó, de hecho, que el nuevo mapa apunta a mejorar las proyecciones utilizadas por la comunidad científica y por organismos como el IPCC.
Debajo del blanco uniforme hay un continente mucho más complejo
El nuevo mapa también rompió otra idea instalada: la de una Antártida subterránea más o menos monótona. Según el equipo, el paisaje enterrado incluye mesetas cortadas por valles glaciares profundos, zonas montañosas abruptas y grandes cuencas, rasgos que recuerdan a regiones de Escandinavia, Groenlandia, Canadá o Escocia.
El artículo de Science resume que la variedad del relieve oculto es mayor de la que sugerían los mapas anteriores.
Con datos satelitales, científicos descubrieron montañas, cañones y valles ocultos bajo el hielo de la Antártida (2)
Hay además un detalle potente para dimensionar el avance: los investigadores señalaron que, hasta ahora, el relieve subglacial antártico estaba peor cartografiado que la superficie de otros mundos del sistema solar.
Esa comparación ayuda a entender por qué este trabajo genera tanto interés: no solo agrega datos, sino que cambia la escala del conocimiento disponible sobre uno de los lugares más difíciles de estudiar del planeta.
Lo que deja este mapa es una nueva forma de mirar la Antártida
La novedad no termina en las 30.000 colinas. El estudio también deja una herramienta para decidir dónde conviene hacer futuros relevamientos de campo y dónde ya hay una base bastante sólida. Eso puede ahorrar tiempo, recursos y abrir nuevas preguntas sobre la historia geológica del continente y su respuesta al cambio climático.