A los 81 años, Cheryl Fellenz lleva una jubilación poco convencional: vive en una casa flotante frente a la costa del sur de Maryland, Estados Unidos. La decisión comenzó en 2009, cuando vendió la casa donde había vivido durante 15 años, pagó la hipoteca y compró su nueva vivienda por unos US$84.000 en efectivo.
Cheryl se había jubilado a los 51 años, después de trabajar como especialista en lectura. Aunque nunca había sido navegante ni capitana de un barco, quedó fascinada al conocer un astillero de Washington D. C. y decidió cambiar su forma de vivir.
Hoy asegura que la experiencia le permitió reducir gastos, mantenerse activa y encontrar una rutina que considera su “sueño hecho realidad”.
Una decisión que comenzó con una visita a un astillero
La idea de vivir sobre el agua apareció casi por casualidad. En 2009, unos amigos conversaban en su casa sobre un particular astillero ubicado en Washington D. C. Se interesó, fue hasta la zona y quedó impactada al ver las embarcaciones amarradas en las marinas.
Poco después decidió vender su vivienda. La operación ocurrió justo después de la crisis del mercado inmobiliario, por lo que perdió dinero al desprenderse de una casa en la que había vivido durante un tiempo.
De igual forma, pudo comprar la casa flotante por aproximadamente US$84.000 y pagarla en efectivo. La principal ventaja económica fue dejar de tener una hipoteca. Para Cheryl, mudarse significaba reducir sus gastos de vivienda y comenzar una nueva etapa sin ese compromiso mensual.
¿Cómo organiza sus US$4.996 mensuales?
Actualmente, sus ingresos provienen de dos fuentes: la Seguridad Social y su pensión como docente. Entre ambas recibe US$4.996 al mes, una cantidad que considera suficiente para llevar la vida que eligió. No tiene ahorros y lleva un registro escrito de sus gastos. Entre ellos aparecen los alimentos, los servicios y el costo de mantener la embarcación amarrada, que actualmente es de US$275 mensuales.
La vivienda flotante también le presentó gastos inesperados. Después de instalarse tuvo que desembolsar varios miles de dólares para reparar el techo, el aire acondicionado y la electricidad. Esos trabajos fueron pagados con tarjetas de crédito y ahora su meta es terminar de saldar esas deudas. Cuando lo consiga, calcula que tendrá unos US$2.000 adicionales por mes para disponer de ellos.
Una rutina que la mantiene activa a los 81 años
Para Cheryl, vivir en una casa flotante no significa quedarse quieta. Su día a día incluye ir al gimnasio, hacer mandados, conseguir agua dulce en un manantial natural y preparar sus comidas en una hornalla o una parrilla. También dedica parte de su tiempo a enseñar a leer a algunos niños de la zona. No les cobra a sus familias, pero considera que esa actividad le da un sentido de propósito y la ayuda a mantener una rutina.
Su vida social también cambió con los años. Dice que en su juventud disfrutaba salir a bares, escuchar música y bailar, mientras que ahora prefiere conversar con amigos, participar de actividades de su asociación de navegantes y visitar una vez por semana un club de jazz cercano.
Cheryl asegura que no se siente sola y que la vida sobre el agua le permitió mantener una conexión constante con la naturaleza. Desde la casa flotante puede observar águilas, águilas pescadoras, garzas grises y azules y pequeñas tortugas.