La violencia religiosa que impera en Irak desde el derrocamiento de Saddam Hussein volvió recalentarse y azotar el país por la tarde de ayer, cuando una serie de atentados con coches bomba dejó ya más de 70 muertos, ante todo en Bagdad, la capital.
La violencia religiosa que impera en Irak desde el derrocamiento de Saddam Hussein volvió recalentarse y azotar el país por la tarde de ayer, cuando una serie de atentados con coches bomba dejó ya más de 70 muertos, ante todo en Bagdad, la capital.
La mayor parte de los más de doce estallidos se produjo en barriadas chiitas de la ciudad de Bagdad, y algunos en sitios públicos muy concurridos, como calles comerciales, ferias a cielo abierto y un estacionamiento de automóviles.
Si bien ninguna organización se había atribuido la mortífera seguidilla de explosiones, expertos locales e internacionales tienden a atribuirlas a musulmanes sunnitas y muy especialmente al Reino Iraquí del Islam, rama local de la organización salafista y fundamentalista Al Qaeda, que suele usar coches bomba.
Uno de los atentados más graves se produjo en la calle comercial Al Saadun, en pleno centro de Bagdad. Costó la vida a seis personas e hirió a otras catorce, entre ellos cuatro policías. Télam