La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) evacuó ayer a su personal de la ciudad afgana de Kunduz, un día después de la muerte de 22 personas en el bombardeo de su hospital, que se cree fue obra del ejército estadounidense.
La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) evacuó ayer a su personal de la ciudad afgana de Kunduz, un día después de la muerte de 22 personas en el bombardeo de su hospital, que se cree fue obra del ejército estadounidense.
El cierre del establecimiento de MSF es un duro golpe para la población civil de Kunduz, que sufre las consecuencias de los combates entre el ejército afgano y los rebeldes talibanes, que se disputan el control de esa gran ciudad del norte de Afganistán. El hospital era el único capaz de tratar a los heridos graves en la región.
“El hospital de MSF ya no está en estado de funcionar. Los pacientes que se encuentran en un estado crítico han sido transferidos hacia otros establecimientos médicos. Ya no trabaja ningún empleado de MSF en el hospital”, declaró Kate Stegeman, portavoz de la ONG. “En estos momentos, no puede decirles si el centro de traumatología de Kunduz volverá a abrir o no”, añadió.
Ayer, el director general de MSF, Christopher Stokes, pidió “una investigación exhaustiva y transparente” de un organismo internacional independiente.
Según el director de operaciones de la ONG, Bart Janssens, los bombardeos continuaron “durante más de 45 minutos” después de que MSF indicara a los ejércitos afgano y estadounidense que su establecimiento había sido alcanzado por los primeros proyectiles. Janssens explicó, además, que había transmitido las coordenadas GPS de su hospital a “todas las partes” implicadas en el conflicto. “Los impactos estaban muy localizados, todos en el mismo edificio. El avión se fue y volvió para provocar una nueva serie de impactos, exactamente en el mismo edificio”, dijo.
En el momento del bombardeo, más de 100 pacientes y 80 miembros del personal, afganos y extranjeros, estaban en el hospital.
Daños colaterales
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, presentó sus “profundas condolencias”, tras el ataque del sábado en el que fallecieron 12 empleados de MSF, 7 pacientes-entre ellos 3 niños- y 3 militares; pero afirmó que esperará los resultados de la investigación “antes de tener un juicio definitivo sobre esta tragedia”.
La OTAN, que cuenta con 13.000 soldados en Afganistán, incluidos 10.000 estadounidenses, tildó lo ocurrido de “daños colaterales” que podrían haber sido provocado por un bombardeo de la aviación estadounidense, que apuntaba a insurgentes talibanes. El ejército afgano lanzó el pasado martes una ofensiva contra los talibanes que habían conquistado Kunduz el lunes.
El Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra'ad Al Husein, pidió una completa y transparente investigación del ataque y dijo que, si la justicia cree que fue deliberado, el bombardeo podría ser considerado como “crimen de guerra”.