2 de octubre de 2026 - 13:30

El cadáver de una ballena de 12,8 metros aparece en una playa popular y atrae a tiburones blancos a la costa

La enorme ballena jorobada llegó a City Beach, en Perth, y terminó convirtiéndose en alimento para varios tiburones que nadaron a pocos metros de la arena.

Una escena poco habitual transformó durante varios días una de las playas más conocidas de Perth, en Australia Occidental. El cadáver de una ballena de casi 13 metros llegó hasta City Beach y, mientras cientos de curiosos se acercaban para observarlo, debajo del agua comenzaban a aparecer otros visitantes: varios tiburones atraídos por el animal en descomposición.

Las primeras alertas se emitieron el 28 de septiembre. Poco después de que se detectara el cuerpo, se registraron dos tiburones blancos —uno estimado en cinco metros y otro en cuatro— a apenas unos diez metros de la costa. También fueron observados otros ejemplares cuya especie no pudo determinarse inicialmente.

Los tiburones comenzaron a nadar a metros de la arena

El cadáver tenía alrededor de 13 metros de longitud y un peso inicial estimado de 31 toneladas. Posteriormente las autoridades confirmaron que se trataba de una ballena jorobada.

Las imágenes aéreas mostraron tiburones circulando en aguas extremadamente poco profundas. La explicación es sencilla: una ballena contiene una enorme cantidad de grasa y tejido, y su descomposición libera sustancias capaces de atraer grandes depredadores desde considerable distancia.

El municipio de Cambridge decidió cerrar sus playas y estableció una zona de exclusión alrededor del cuerpo. La orden incluyó permanecer fuera del agua y evitar incluso atravesar las dunas para acercarse al animal.

La situación resultaba especialmente sensible porque apenas días antes se había producido un ataque fatal de tiburón blanco en Sorrento Beach, unos 15 kilómetros hacia el norte. Las autoridades insistieron entonces en que nadie ingresara al mar.

Una operación de varias toneladas que no salió como esperaban

Retirar el cadáver resultó mucho más complejo de lo previsto. El primer operativo no logró levantarlo porque la maquinaria disponible no tenía capacidad suficiente.

Los trabajadores tuvieron que envolverlo y arrastrarlo aproximadamente 1,5 kilómetros por la playa mientras esperaban una grúa de mayor porte.

Finalmente, el 1 de octubre, una grúa de 72 toneladas consiguió elevar el cuerpo y colocarlo sobre un camión para llevarlo hasta un vertedero donde sería enterrado. Para entonces había perdido gran cantidad de líquidos y su peso se había reducido hasta aproximadamente 18 toneladas.

Durante los trabajos también se aprovecharon los movimientos de los depredadores para marcar científicamente algunos tiburones blancos. Dos ejemplares de 3,7 y 3,1 metros fueron etiquetados en el área.

El peligro no termina cuando desaparece la ballena

Incluso después de retirar el cadáver, las playas no reabrieron inmediatamente.

Los restos orgánicos, aceites y olores podían continuar en el agua y seguir atrayendo tiburones durante varios días, por lo que las autoridades mantuvieron restricciones mientras evaluaban las condiciones del mar.

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